22/01/2022 / 12:34
Manuel Ángel Puga


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Lucha contra la despoblación

Nuestra región se convertía el 7 de  mayo en la primera comunidad autónoma que había realizado un estudio detallado del mapa de la despoblación rural.


En el mes de febrero del pasado año escribí, en estas páginas de Nueva Alcarria, un artículo encabezado por la pregunta: “¿Renacerán nuestros pueblos?”. Comentaba en él que mientras muchas ciudades crecían y se estaban convirtiendo en auténticos hormigueros humanos, había pueblos que se estaban quedando vacíos, sin vida y sin futuro. Esto fue lo que ocurrió, por ejemplo, en muchos pueblos de Castilla - La Mancha, particularmente en los pertenecientes a las provincias de Cuenca y de Guadalajara.

Por lo que respecta a nuestra provincia, destacaba en aquel entonces un hecho bastante preocupante. De los 288 municipios que integran la provincia de Guadalajara había 177 cuya población era inferior a los 100 habitantes. Y no era esto lo más preocupante. Lo realmente preocupante es que la mayoría de esos habitantes son personas jubiladas o de la tercera edad. ¿Qué futuro les espera a todos estos pueblos? ¿Terminarán condenados a la despoblación y al más absoluto abandono?... Sería imperdonable.

También destacaba en aquel artículo un fenómeno social que se fue incrementando con el paso del tiempo. Me refería a la pandemia causada por el coronavirus, la cual ha motivado que numerosas familias, residentes en las grandes ciudades, decidieran regresar a sus pueblos de origen. Han querido huir del contagio que existe en las ciudades para encontrar en el pueblo la seguridad que la gran ciudad no les ofrecía. Como consecuencia de ello, estamos asistiendo a un hecho sociológico de gran importancia, por cuanto puede representar el renacer de unos pueblos que estaban condenados a la despoblación y al olvido.

En este sentido, terminaba señalando que muchos pueblos de la provincia de Guadalajara estaban comenzando a renacer gracias a esta pandemia. Por ello, era necesario no desaprovechar la oportunidad que se presentaba. Insistía en que era preciso lanzarse a una profunda y radical transformación de nuestro medio rural, para lo cual resultaba imprescindible mejorar sus actuales infraestructuras. Había sonado la hora de los emprendedores, de los hombres de ingenio y, cómo no, de los políticos.

Pues bien, poco después de publicado aquel artículo, concretamente, el día 7 de mayo del mismo año se dio la feliz casualidad de que las Cortes de Castilla - La Mancha aprobaban la “Ley de medidas económicas, sociales y tributarias frente a la despoblación y para el desarrollo del medio rural en Castilla-La Mancha”, conocida como “Ley Regional contra la Despoblación”.  Nuestra región se convertía así en la primera comunidad autónoma que había realizado un estudio detallado del mapa de la despoblación rural… No era más que un primer paso, pero muy importante de cara al futuro.

La verdad es que hacía tiempo que en Castilla–La Mancha se venía trabajando en la elaboración de esta Ley Regional, en la cual se establecen más de doscientas medidas que tienden a estructurar sistemas y mecanismos que contribuyan a reducir o eliminar el problema de la despoblación. Así, todo el Título VI de la Ley está dedicado a proponer medidas tributarias frente a la despoblación, reduciendo las cargas impositivas en el medio rural. Con tal medida se busca propiciar el establecimiento de pequeños negocios y de pequeñas empresas. Además, en la Disposición adicional primera se determina la “creación de un fondo para el apoyo financiero a proyectos empresariales en zonas escasamente pobladas o en riesgo de despoblación”.

Por otro lado, el pasado mes de diciembre se constituyó en Cuenca el  denominado Consejo Regional contra la Despoblación, que será el encargado de proponer o de emitir estudios relacionados con la lucha contra la despoblación y con el desarrollo del medio rural. También se encargará, entre otras cosas, de formular recomendaciones a las administraciones públicas u otras entidades y de valorar la imagen y reputación de las zonas rurales. 

Es de suponer que quienes componen el Consejo Regional contra la Despoblación serán personas competentes, además de conocedoras del problema y de la manera de solucionarlo. Nadie lo pone en duda. Pero sería conveniente que tales personas sintiesen como propios los problemas de Castilla-La Mancha y, muy particularmente, los de las provincias de Cuenca y Guadalajara, porque son las que están corriendo mayor riesgo de despoblación. Se supone que nadie mejor para luchar por los intereses de un pueblo que los hijos de ese pueblo.


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