22/10/2022 / 11:02
Jesús de Andrés


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Magdalena Valerio

A su capacidad de trabajo y su competencia profesional, Magdalena Valerio ha sumado dos grandes virtudes: una gran habilidad política y una lealtad a prueba de bombas.


 El nombramiento de Magdalena Valerio como presidenta del Consejo de Estado ha puesto a esta institución, desconocida para la inmensa mayoría de los españoles, en el candelero. El Consejo de Estado es el órgano supremo consultivo, tal y como establece nuestra Constitución, que desempeña una labor callada pero importante, cual es dar consejo, opinión, orientación sobre futuras actuaciones legislativas. Además de ello, es el órgano encargado de velar por el correcto funcionamiento de las administraciones públicas. En Guadalajara la noticia ha tenido mayor relevancia por haber recaído el puesto en una paisana ya que Valerio, aunque nacida en Cáceres, es guadalajareña de pro desde que aquí llegara a finales de los años ochenta. A sus espaldas tiene una amplia experiencia política, habiendo sido concejal del Ayuntamiento de Guadalajara, diputada en las Cortes autonómicas, diputada en el Congreso, consejera en el gobierno de Castilla-La Mancha y ministra de Trabajo. Culmina de esta forma una brillante carrera política al ocupar uno de los cargos más importantes del organigrama estatal. 

A su capacidad de trabajo y su competencia profesional, Magdalena Valerio ha sumado dos grandes virtudes: una gran habilidad política y una lealtad a prueba de bombas. Como les ocurre a todos los partidos, cuando hay una ruptura interna, bien sea por una desavenencia política o personal, a cada cual se le exige posicionarse. Lo hemos visto no hace mucho en la crisis interna del PP, lo vemos cada vez que hay un congreso competitivo en algún partido y se vio, de manera virulenta como pocas, en la gran crisis que tuvo el PSOE en el otoño de 2016, donde, desatada la guerra civil, los militantes y sobre todo los cargos públicos se vieron obligados a ocupar unas u otras trincheras. Forzados muchos de ellos a dar respuesta a quien les nombró, la mayor parte de los cargos socialistas de Guadalajara optó por Susana Díaz (¡ay!), pero no así Magdalena Valerio, quien consiguió el apoyo de la militancia. Leal a Pedro Sánchez, fue nombrada ministra en el gobierno resultante de la moción de censura a Rajoy, en 2018, siendo relevada tras las elecciones de noviembre de 2019 para dar entrada a los nuevos socios de Podemos. Bien podía haber mostrado entonces enfado o alejamiento, pero permaneció más leal que nunca, pasando a presidir la comisión del Pacto de Toledo. Hoy ha sido recompensada también por ello, sumando su nombre a los ilustres predecesores que ha tenido el cargo, prácticamente todos hombres (excepto María Teresa Fernández de la Vega). Poca polémica hay en su designación, pese a ciertos empeños, ya que su puesto casi siempre ha sido ocupado por antiguos miembros del Gobierno. Y pocas dudas hay de su capacidad para el cargo. Que sea enhorabuena.                                    


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