Malas noticias de Afganistán

27/06/2011 - 00:00 Antonio Casado

 
Otra vez sangre española derramada en tierras de Afganistán, tan distintas, tan distantes. Segundo atentado terrorista contra nuestras tropas en los últimos ocho días. Ya van más de cien compatriotas muertos en el marco de este conflicto, incluyendo los 62 del Yak-42 en 2003 y los 17 del helicóptero Cougar de 2005. Y una lamentable, dolorosa, insoportable constatación: mientras en otros países que también pasan por esto se honra los muertos desde la condolencia, el respeto y el reconocimiento del sacrificio, aquí discutimos sobre los féretros (ahora Manuel y Niyireth), si esto es o no una guerra, si los vehículos estaban suficientemente blindados o si Afganistán es lo mismo que Irak. Qué pena. Decía la ministra Chacón con un pie en la escalerilla del avión, antes de irse a repatriar los cadáveres, que la retirada de las tropas no se adelantará como consecuencia de lo ocurrido. No es un consuelo. Hay una cierta falta de lógica en esas declaraciones aireadas por los medios de comunicación.
 
   Nos hubiera consolado más una advertencia de la ministra de Defensa en el sentido de que la retirada gradual de las tropas españolas, anunciada apenas unas horas antes por el presidente Rodríguez Zapatero no se retrasará como consecuencia de lo ocurrido. Hubiera sido más propio, pues ustedes y servidor de ustedes sabemos que lo ocurrido va a seguir ocurriendo. Sólo nos queda pedir a los dioses, si no lo toman como un pecado de insolidaridad, que no nos vuelva a tocar a los españoles (1.500 soldados, que se irán retirando por etapas hasta 2014, en paralelo con el plan norteamericano, o no, depende, según y cómo), pues es perfectamente ilusorio esperar que van a terminarse los actos de terrorismo perpetrados por los insurgentes. Y mucho menos desde que Obama ha lanzado a los cuatro vientos el mensaje de la retirada del poderoso ejército americano. Sorprende la facilidad con la que ha calado la sensación de repliegue inmediato de EE.UU., cuando su contingente no bajará en ningún caso de 68.000 soldados hasta 2014 (se supone que entonces quedarán 700 españoles).
 
   O sea, tres años por delante para que pueda hablarse con algún fundamento de retirada total de Estados Unidos de Afganistán. Para hablar de retirada, ojo, si es que realmente se lleva a cabo. Pero en ningún caso para hablar del final de la guerra, la corrupción, el terrorismo, el tráfico de drogas, el caos territorial, el odio al mensajero, etc. Remediar todo eso ni está ni estuvo nunca al alcance de las dos famosas resoluciones de la ONU posteriores a los atentados del 11-S: la 1368 (legítima defensa individual o colectiva) y 1386 (creación de una fuerza internacional para imponer el orden hasta que los afganos pudieran hacerlo por sí mismos).