21/08/2021 / 14:20
Elvira López/Historiadora de Arte


Imagenes

Mano maestra y raíz ebanista, para un montaje de altura

Crítica de la exposición de Kief Antonio Grediaga, que se puede visitar en las calles de Tendilla.


Hoy el sol cae a hierro, que no a plomo, en el pueblo de Tendilla, Guadalajara. Los rayos del Astro Rey otorgan un brillo inusitado que resbala por las superficies,  incidiendo en el vacío y el volumen; en las pinturas que conviven con las colosales esculturas dedicadas a Manuel de Falla y en el pentagrama musical. La obra pictórica se eleva en pedestales en la fachada manierista de nuestra iglesia y troca en dinamismo y colorido las piedras antiguas. Hoy el canto y el sillar están de fiesta, se engrandecen para gloria del visitante en una exposición única y perfecta. Día grande para los amantes del Arte y día grande para aquellos que sin duda, al convivir con él, se sentirán cada dia más implicados y atraídos por sus formas y colores. Kief Antonio Grediaga  (Madrid, 1936), vino para quedarse con nosotros, buscando tal vez las huellas de sus antepasados, que hunden sus raíces en el pueblo de Tendilla. Su vida es la de un artista en contínua búsqueda, un nómada indagador de las corrientes más novedosas de las que aprende, a la vez que se inspira. Es un músico formado y excelso, que tan pronto compone, como toca el piano y la guitarra. Cinco décadas fuera de su país le otorgan una formación exquisita tomada de fuentes diversas, movimientos imperantes y las corrientes artísticas más importantes. Viene a recordar al genial Leonardo da Vinci, por su multidisciplinaridad y su inmensa cultura. Él artista se forjó también a golpe de hierro y hoy nos entrega todo su bagaje cultural para repartirlo por el mundo. Domina los materiales  como nadie y los eleva a categoría artística. Un trabajador nato que ha dejado su impronta por los 5 continentes. Es lorquiano y cervantino; admirador de Beethoven y Mozart, a cuyo compás musical se expresa. El Canto del Hierro es una colección de  inmensas esculturas que adornan la plazuela de la iglesia, resaltando  su belleza. La obra de Kief es  para pisarla y transitar por ella,  y así lo hice yo la primera vez que la contemplé, descalza y sintiéndome parte del conjunto, queriendome transformar en materia viva, equiparandome a sus grandes cuadros compuestos por sorprendentes y originales collages, vistosos acrílicos y algunos óleos, que de todo hay. Me sentí en tierra firme y viví una experiencia estética a lo grande. Se me figura a veces que sus pinturas y hierros contundentes emergen por las noches para entablar diálogos sutiles entre ellos; para bailar la danza del Arte al ritmo del introito musical del kirie o de la misa de Beethoven. Hay ecos alcarreños que se perfilan en cuadros matéricos  relucientes y ambarinos para recordarnos el manjar alcarreño por excelencia, la rica miel dorada que definen el color y el sabor de la tierra nuestra.

Las emociones están servidas y resuenan en el alma, exhalando ecos de infancia en el espacio, recuerdos secretos y travesuras pasadas, que unidas a su obra, tienen un regusto mágico y vivido. Antonio es un hombre de mano maestra, de raíz ebanista que ha sido capaz de dirigir un montaje expositivo de altura y mucho nivel. Presiento su gozo al ver su obra reunida en el lugar que el desea. Muchos nos tendrán envidia, tal vez grandes e importantes urbes, pero hoy el triunfo es su sueño cumplido y nuestro orgullo al plantar su obra en la tierra de sus antepasados. Su obra recorrió el mundo y fue la admiración en la Habana Vieja; los críticos de arte lo elevaron a la cumbre que merece, pero su generosidad hacia nosotros es inmensa , como también es grande nuestro agradecimiento a su desprendido acto. Grediaga, es, sin embargo un hombre comunicativo y afable; un conversador excelente y sobre todo, un hombre sencillo que no busca su protagonismo personal, cuyo único deseo es trasmitir su  destreza creando una Escuela de Arte. Él no necesita rodearse de un aura de excentricidad como otros artistas, por que su obra habla y trasmite por si sola. Es un hombre agradecido que honra la memoria de su padre en esta exposición y que mira con mucho respeto el pasado, y con admiración al futuro y al presente, para dejarlo patente en todo lo que crea. Su hijo Orestes Grediaga recibió las influencias de su padre y también está presente en la muestra. 

Ojalá algún día podamos contar con su presencia. Yo por lo pronto, ya admiro su obra, perfilada con las más novedosas técnicas del momento. El arte abstracto se carga de emociones singulares en el Expresionismo y eso se percibe en la obra, en la pincelada cargada y el color. El artista expresionista abstracto bebe de las fuentes del Action painting y a golpe de música traza su obra. Una parte del alma del creador queda impresa en aquello que le inspira. El rumor de la fuente acompaña susurrante y pertinaz  el entorno y la fotogenia viene dada en la composición que enmarca la torre antigua y los cielos tendilleros. Hay mil y un lugares para hacerte esa foto perfecta y valiosa, y si tienes suerte, verás en sus calles y plazas al artista, y de su boca conocerás su historia. El Arte es subjetivo, y la belleza está en la mente del espectador. Concluyó diciendo que lo importante del Arte es la Idea, es lo que hace que la obra sea exclusiva y única. Idea es trazar enormes cuadros con traviesas de ferrocarril y sabor a Lorca. Copiar es fácil pero crear solo lo hacen los grandes genios.


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