Medias mentiras y mentiras gruesas

22/09/2011 - 00:00 Francisco Muro de Íscar



   La inversión en educación es una apuesta segura para salir de la crisis. Bueno, y el cambio de un modelo productivo que nadie se atreve a abordar. Pero más dinero en educación, más profesores y más medios no garantizan una mejor educación ni mejores resultados. Gastamos igual que Finlandia, Japón o Corea del Norte y no mucho menos que otros grandes países europeos y nuestros resultados educativos son radicalmente inferiores. No sólo eso, son de los peores, con unos índices de abandono, de fracaso escolar, de repetidores y de absentismo que deberían hacer enrojecer de vergüenza a todos los ciudadanos.

   También a cierta parte de los profesores. No es de ahora, ni es culpa de Esperanza Aguirre -que ni mucho menos ha sido la mejor ministra de Educación, pero tampoco el/la peor- aunque ahora todos los que nunca protestaron por el fracaso escolar, por la marginación del profesorado, por los continuos cambios legales o por una educación que anuló el esfuerzo de los alumnos y premió la incompetencia, han tomado la calle contra una política que no se caracteriza por tener el don de la oportunidad.

   No es verdad que no se puedan obtener mejores resultados educativos con los recursos que empleamos. En la concertada, con muchos menos medios, con profesorado peor pagado y con un veinte por ciento más de horas lectivas, los resultados son claramente superiores. Y el coste del puesto escolar en la escuela concertada es un tercio menor que en la escuela pública. No se retira dinero de la pública para dárselo a la concertada. No es verdad. Y no lo es desde hace décadas. Y la escuela concertada, creación del PSOE, no sólo ha ahorrado mucho dinero al Estado, que no hubiera podido crear ni mantener los centros de enseñanza necesarios, sino que ha sido la que ha sostenido las reformas educativas que han puesto en marcha gobiernos socialistas -Rubalcaba lo sabe- que la escuela pública no apoyó por razones estructurales y de falta de compromiso.

   Hay tanto miedo en enfrentarse al problema, que hasta Gabilondo abandona la idea del MIR de los profesores que daría más calidad a nuestra educación. Que Aguirre diga que hay que pensar en si podemos sostener la enseñanza que no es ni pública ni obligatoria no es sólo una provocación, que seguramente lo es, sino muestra de sentido común.

  No es de recibo que los universitarios -los ricos y los que no tienen medios- estén financiados en un 90 por ciento por los ciudadanos, porque sólo pagan un diez por ciento del coste de la enseñanza. Menos cuando se cierran hospitales o ambulatorios- en Cataluña, no en Madrid-, no hay dinero para pagar las nóminas de los profesores universitarios -en Cataluña, no en Madrid-, las Administraciones acumulan más de 4.000 empresas públicas, muchas ineficientes e innecesarias, han cerrado más de 67.000 empresas y la morosidad se carga a los autónomos. La vaca del Estado del Bienestar está ordeñada y sin leche. Podemos optar por recortar para salvar lo fundamental y no dejar de atender a los más desfavorecidos o seguir el ejemplo de Grecia. No hay tregua.