Medio millón, de momento
¿Un millón de indignados en Madrid? De alguna manera, sí. Pero yo lo veo, y creo que ellos también, de otra manera. En positivo. Un millón de jóvenes esperanzados, dispuestos a luchar para cambiar el mundo, que apuestan por la generosidad, que creen que no todo vale, que luchan contra el hedonismo, que están comprometidos, que creen en la trascendencia del ser humano. Vienen a Madrid pagándose su viaje, para escuchar un mensaje contracorriente, nada fácil, exigente, que algunos dicen que no se lleva hoy. Y a encontrarse con la cabeza de la Iglesia católica, con un intelectual de referencia, de los pocos que existen hoy en Europa, que no va a ser complaciente sino que va a reclamar un mayor compromiso. Una Iglesia que apuesta por los que tienen que construir el futuro.
Son otros jóvenes. Seguramente no son mayoría respecto a sus compañeros de edad y de generación, pero si no se rinden pueden acabar cambiando esta sociedad, regenerando sus valores, gritando su disconformidad con todos esos subproductos que algunos nos quieren vender. Tienen que ser ellos los que cambien el mundo. Los que den un poco de frescura a esta sociedad agostada. Los que hagan una nueva política más limpia, nada corrupta. Los que transformen la indignación en acción positiva. Los que se comprometan de verdad con los más desfavorecidos, los vulnerables, los parias, los olvidados. Hay que seguir de cerca lo que suceda en Madrid. Lo van a seguir en todo el mundo. Debería ser el comienzo de un cambio. Si los jóvenes quieren cambiar el mundo, que empiecen ya. Si quieren, pueden.