14/01/2023 / 11:55
Jesús de Andrés


Imagenes

Melancolía

 En los últimos años se han extendido por todo el mundo escenarios de no aceptación de los resultados electorales, recurriendo al levantamiento, a la agitación y la ocupación de edificios públicos. 


No es fácil saber perder. Y hay muchas formas de hacerlo. No saber perder es no aceptar las reglas del juego, buscar atajos para la victoria sin pensar en sus consecuencias o renunciar a los valores que deben regir toda contienda. En los últimos años se han extendido por todo el mundo escenarios de no aceptación de los resultados electorales, recurriendo al levantamiento, a la agitación y la ocupación de edificios públicos. El más reciente, en Brasil, promovido por los seguidores de Jair Bolsonaro. Pero también en Estados Unidos, en 2021, por partidarios de Donald Trump. O aquí, en España, en 2016, cuando una plataforma apoyada por Podemos rodeó el Congreso tras la investidura de Mariano Rajoy. En todos los casos se apela a la ilegitimidad de quien ha obtenido la victoria, sea Lula, Biden o Rajoy. En todos los casos aflora la frustración que resulta de la no correspondencia entre la realidad y los deseos.

Que la frustración genera rabia es algo que saben bien los psicólogos. Y no es de extrañar que se produzcan desilusiones cuando el discurso dominante está lleno de exclusión, de rechazo al otro, de crispación incentivada y reproducida hasta el extremo por redes sociales y medios de comunicación. Porque una cosa es que haya rivalidad, que se mantenga la tensión electoral, y otra muy distinta que sólo sea legítima la victoria propia, siendo ilegítimas todas las demás. Reducir al rival a un ser maléfico, atribuirle todos los males y considerar que tu opinión es la única posible y que, por tanto, es mayoritaria, conduce a la mayor de las frustraciones cuando se comprueba que el otro ha ganado. De esa forma, sólo a través de la manipulación se explica la derrota.

Este tipo de planteamientos los vemos en España cada día. Pocos gobernantes como Pedro Sánchez han sufrido un acoso tan continuo como él, y eso que de los últimos presidentes no se ha salvado ninguno. Cuando los datos económicos, contra todo lo previsto y aun siendo malos, se encuentran entre los mejores de Europa, se desvía la atención a otros temas. Para sus enemigos, que son legión, el gobierno de Sánchez es ilegítimo y no queda otra que el bloqueo y la convocatoria de elecciones generales. El rol populista sólo reconoce como buena su victoria. El gobierno de Pedro Sánchez, nos guste o no, es legítimo, independientemente de lo bien que nos caigan sus apoyos. Y habrá elecciones cuando toque o cuando el presidente decida. La rabia, como también dicen los psicólogos, es la causa de la depresión, y no la tristeza, que es un simple efecto. La irritabilidad es la antesala de la melancolía. Y viendo el panorama, ese va a ser el escenario para muchos.


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