06/08/2022 / 14:06
Jesús de Andrés


Imagenes

Memoria

Dice Séneca en Invitación a la serenidad, que “hay que ser indulgentes con el espíritu, y hay que darle descanso una y otra vez. Y hay que vagabundear dando paseos campo a través para que el espíritu se sienta grande y se levante, bajo un cielo libre y respirando aire puro”


Hace cinco años y parece que fue ayer cuando Ángel Nieto sufrió un grave accidente de circulación en Ibiza, debatiéndose unos días entre la vida y la muerte hasta que la parca, insistente, se lo llevó un 3 de agosto. No sólo fue pionero y maestro, capaz de llevar un deporte minoritario a la altura que tiene hoy y de sembrar la semilla que ha permitido conquistar, gracias a su herencia, decenas de títulos mundiales en nuestro país, sino que consiguió conectar, con su carácter abierto, liderazgo y simpatía, con aficionados y no aficionados de todo el mundo. Veo un reciente documental, en Amazon Prime, sobre su biografía, su familia, su trayectoria profesional y su concepto de la existencia y de la amistad -Ángel Nieto. Cuatro vidas-, que me recuerda aquellos días. Qué injusta es a veces la vida, y qué injusta es casi siempre la muerte.

Tormenta de verano. Se agradecen las gotas de lluvia en la cara, en los brazos, en el pelo. Baja la temperatura inclemente más de diez grados. El olor del ozono activa nuestro recuerdo y llena nuestros pulmones de bienestar. Dicen los antropólogos que el olor de las tormentas, el olor a tierra mojada tras el fuego inclemente del sol, transmite el aroma de la vida, de la supervivencia que supone el despertar de la naturaleza. Activa la lluvia nuestra magdalena de Proust, esa conexión con las emociones que guardamos en la memoria y nos traslada a otro momento, a una evocación casi siempre de la infancia.

Apela a la memoria y al buen vivir el anuncio de Mahou, con las peñas como motivo y reivindicación de la amistad. Publicidad inteligente. Qué poquita cosa, dice, “es elegir un nombre y ser familia, decidir un color y ser bandera”. Y añade, “…y ser Castilla, y ser León, y ser La Mancha”. Impecable corrección para quienes ni en Castilla y León ni en Castilla-La Mancha ni en Madrid se sienten identificados con sus artificiosas comunidades autónomas, que son la mayoría. Aquí, que llevamos todo un verano de drones que iluminan quesos y vinos manchegos para celebrar el aniversario del estatuto y “escape rooms” con Don Quijote como protagonista, agradecemos que nos llamen castellanos, sin mancha. Bendita agua del Sorbe.

Dice Séneca en Invitación a la serenidad, que “hay que ser indulgentes con el espíritu, y hay que darle descanso una y otra vez. Y hay que vagabundear dando paseos campo a través para que el espíritu se sienta grande y se levante, bajo un cielo libre y respirando aire puro”. Sólo conserva la serenidad quien se entrega a su cuidado, quien nunca desfallece en el empeño. Importante, dice el sabio cordobés, la mezcla de actividad y ocio. Tomen nota. 

 


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