Mensajeros de la nada

17/06/2016 - 18:47 Jesús Fernández

Existe, en estos días, mucha mensajería social en clave de promesas y de salvación.

Existe, en estos días, mucha mensajería social en clave de promesas y de salvación. Estamos en la misma circunstancia que cuando se creía que la sociedad sin  clases liquidaría o solucionaría todos los problemas de indignidad en la vida humana. El marxismo de nuestros jóvenes, brotes verdes del totalitarismo,  no sólo no soluciona los problemas de desigualdad existentes sino que les agranda y agudiza. Las diferencias, los males, las necesidades y las indignidades de la existencia humana, se aumentarán en la conocida metodología de la  lucha de clases y dictadura del proletariado que, aunque suene a lenguaje pasado, está presente en el ánimo encendido por el odio de nuestra clase de jóvenes anticapitalistas sin clase y sin capitalismo. Los denominados anticapitalistas van contra el principio que les ha permitido a ellos ser y vivir de lujo, como funcionarios del hastío existencial e  hijos de la abundancia.
    Cuando supriman la pobreza, las diferencias y las desigualdades, suprimirán las libertades que es lo único que nos iguala y no tendrán ya motivos para luchar, para oponerse o para entretenerse. En la nueva sociedad que anuncian, ya no habrá males, ni dolores, ni lágrimas, ni muerte. Para ellos es más cómodo matar o suprimir la libertad que cultivarla o motivarla. Pero no hay sociología sin antropología, no hay sociedad sin hombres individuales, ni reloj si relojero. El hombre nuevo prometido es pura materia. El materialismo es inseparable del comunismo.
    El marxismo es la muerte de la libertad de los demás. El humo de las promesas de algunos partidos de izquierda puede convertirse en  fuego en las futuras medidas de gobierno. Muchos partidos de los nuevos  son un laboratorio de totalitarismo que esbozan hoy para aplicar mañana. Son marxismo actual en espíritu. El engaño del marxismo sigue vivo porque muchos marxistas viven del engaño. Llegan como mensajeros de la nada. Prometen todo y no cumplen nada porque si cumpliesen todo lo que prometen  no serían marxistas, no serían nada. Hay que mantener a la población colgada o pendiente del lenguaje ambiguo, de la doble interpretación, de la falsa esperanza y de la utopía imaginaria. El problema de la democracia actual no es la falta de pluralismo sino la falta de credibilidad.
    Mensajeros son los que anuncian algo. ¿Qué anuncian nuestros nuevos marxistas? Salidos de las aulas universitarias, víctimas de la cultura del aburrimiento, animados por sus profesores que conozco, el primer sobrepaso o adelantamiento ya se ha producido: los discípulos han  ido más allá de sus maestros, son más marxistas que ellos y que Marx. Hablan como embajadores del futuro pero ¿qué futuro nos espera con ellos? Ellos no son el futuro.