Mercado de Abastos
01/10/2010 - 09:45
EDITORIAL
Tres años estuvo cerrado el Mercado de Abastos de Guadalajara para acometer la reforma que finalmente permitió abrir la renovada instalación en julio de 1998. Con una inversión de 250 millones de pesetas, volvió a la vida cotidiana de la capital cuando sus clientes se habían cansado ya de esperar.
A pocos convencía la reforma practicada en el emblemático edifico. Los hortelanos montaron en cólera cuando supieron que tenían que subir hasta la última planta con la mercancía y hasta que el aire acondicionado estuvo a punto fueron muchos los comerciantes que sudaron la gota gorda. Y gotas gordas y gotas chicas provocaron inundaciones cuando la lluvia caía en tromba en la capital. Y mientras el Mercado de Abastos luchaba por recuperar el tiempo perdido durante sus tres años de cierre -periodo que el PSOE municipal aprovechó para hacer campaña en contra de lo que consideraban la incompetencia del equipo de Bris-, la ciudad se había habituado ya a hipermercados y grandes superficies. Diez años después de aquella reapertura, el Mercado de Abastos de la capital se enfrenta a un nuevo periodo, con la salida a concurso de los puestos que aún quedan vacíos. El pequeño comercio sigue luchando cada día en una batalla en la que cuentan, como principales armas, con el trato cercano, la calidad de sus productos y la confianza que los clientes pueden dispensarles. Las cifras macroeconómicas anuncian tiempos de recesión, aunque en la capital siguen abriendo supermercados, en Francisco Aritio dos en tres meses separados por apenas 50 metros. El consumo se contrae pero Guadalajara, a pesar de todo, sigue creciendo. Ojalá que el crecimiento, esta vez, no se lleve por delante la esencia del comercio guadalajareño. Los comerciantes del Mercado de Abastos y otros tantos de las pequeñas empresas de Guadalajara guardan esa esencia que, como todas, se mete en frascos pequeños.