04/12/2010 / 00:00
José Cavero


Militarización y estado de alarma


No falta quien sostiene que el presidente Rodríguez Zapatero tenía información privilegiada sobre lo que iban a hacer los controladores, y por eso prefirió no viajar a la Cumbre Iberoamericana de Mar de Plata, alegando el Consejo de Ministros del viernes en el que fue aprobado el nuevo paquete de medidas anticrisis, y entre otras medidas, la decisión de acelerar la reforma de las pensiones para el 28 de enero. No parece que así haya sido, y más bien se cree que el "insoportable chantaje" de los controladores no estaba premeditado ni programado, y que surgió sobre la marcha. En todo caso, ha sido extraordinariamente oportuno que Zapatero haya estado al frente del Gabinete en estas horas de tensión y de pulso con unos técnicos que se resisten a aceptar su condición de "funcionarios de lujo", y poco menos que extraterrestres con derecho a sueldos formidables y trabajo escaso. Los controladores siempre han tenido mala prensa, mala consideración general, y se la han ganado a pulso. Hasta que el ministro José Blanco decidió terminar con su envidiable situación. Lo cierto es que, en esta ocasión, nadie podrá decir que el Gobierno no se apresuró a poner remedios una situación inaceptable y a un chantaje inadmisible por parte de quienes, a las cinco en punto de la tarde, decían estar enfermos y no reunir condiciones para seguir dirigiendo las operaciones del tráfico aéreo. Buscaron una hora crítica de comienzo del puente-fin de semana para causar el mayor daño posible a los usuarios: se calcula que más de 300.000 se vieron afectados por los chantajistas. No es menos cierto que algunos miembros del Gobierno, como Rubalcaba, Blanco y Chacón, se vieron en la necesidad de buscar y aplicar medidas de urgencia, y contundentes, contra los "amotinados". Primero, con el decreto de militarización del control aéreo, y, comprobada la resistencia a plegarse a la legalidad, con un consejo de ministros extraordinario, en la mañana del sábado, para valorar la situación originada por el caos aeroportuario generado por la negativa a trabajar de los controladores y estudiar si se decretaba, también, el estado de alarma, en el caso de que la situación del tráfico aéreo no cambiara. A esas horas de la mañana, había llamamientos sindicales a la vuelta al trabajo, y algunos controladores se volvían a la racionalidad y a sus puestos trabajo, inicialmente sin aplicarse a sus tareas específicas de control . Según explicó el vicepresidente primero del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, en su segunda comparecencia de la madrugada del sábado, en el Ministerio de Fomento, el estado de alarma supondría que se van a movilizar militarmente a todos los controladores, y si alguno no acudiera a su puesto pasaría inmediatamente a disposición judicial acusado de un delito que puede implicar penas graves de prisión, añadió. Rubalcaba, compareció repetidamente, junto al ministro de Fomento, José Blanco, y la ministra de Defensa, Carmen Chacón, durante la noche, y recordó que el Ejército del Aire había pasado a ejercer la dirección del control de la navegación aérea, informando asimismo, de que la asistencia de los controladores a las torres había sido desigual, en algunos casos "meramente formal", ya que si bien habían acudido a sus puestos "en la práctica no estaban trabajando". El vicepresidente transmitió las disculpas del Gobierno a los ciudadanos que vieron perturbada" su actividad, sobre todo a aquellos que quienes pasaban la noche en algunos aeropuertos de España, y para quienes el Gobierno pudo a disposición todos los medios de los que dispone para "hacerles la noche más fácil". Queremos, concluyó Rubalcaba, insistir ante la opinión pública que el Gobierno "está decidido" a actuar, utilizando todos los instrumentos que el Estado de Derecho pone a su disposición "para impedir que un conjunto de trabajadores defiendan algunos de sus privilegios perturbando gravemente la vida nacional". La mala fortuna quiso que los informativos contaran que el líder de la Oposición Rajoy, estaba en Canarias, rehén también de los controladores, y criticaba la presunta inacción del gobierno y la presunta falta e información que reclamaban los usuarios, rehenes como él, de un conflicto de gremio* Rajoy resultó perfectamente desinformado de lo que estaba sucediendo. .

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