07/03/2020 / 13:51
Marta Velasco


Imagenes

Misteriosas anotaciones

En este mundo globalizado el coronavirus no solo ha causado daño en las personas, sino también en la economía mundial: se cierran ciudades y colegios.


Se amontonan las nubes contra la terraza y hay un frente negro, como de galerna en el Cantábrico. Es una tarde anochecida prematuramente de primeros de marzo y, de vez en cuando, una enorme ola azota mis cristales…pero aquí no hay mar. Estoy anclada en un piso alto de Madrid, ya me gustaría salir a la terraza y que las olas muriesen a mis pies. Es raro que añore tanto el mar, teniendo en cuenta que soy de tierra adentro, lo disfruto en vacaciones unos días y allí, en el mar, no me conocen en los chiringuitos ni saben nada de mí las caracolas. Misteriosa, tanta nostalgia del mar, quizá en otra vida fui un cangrejo gaditano o un boquerón norteño…

A punto de entrar en la primavera cualquiera diría, viendo el telediario, que el mundo está a punto ser engullido por un agujero negro. Si hay un horizonte de sucesos vibrante y angustioso, debemos estar justo ahí, en la frontera del espacio-tiempo, y parece que la Tierra va camino de la perdición o de caer en el gran cubo de la basura planetaria como una vieja manzana podrida. Todo son malas noticias. El coronavirus acapara una enorme atención, seguido de las inundaciones, la degradación de los mares a causa de los vertidos, la desertización por incendios y, por si fuera poco, las guerras, el terrorismo, la corrupción política...

En este mundo globalizado el coronavirus no solo ha causado daño en las personas, sino también en la economía mundial: se cierran ciudades y colegios, se suspenden viajes, cruceros y reuniones. Estamos perdiendo dinero y seguramente entraremos en recesión o en otra crisis económica. Pero vamos a ver ¿Nos quieren tranquilizar o prefieren asustarnos para tenernos en vilo y que no seamos puntillosos en otras cuestiones?  ¿Lo van a utilizar para decir que no hay dinero por culpa del Pangolín y van a subirnos los impuestos?  Porque parece que la alerta sanitaria es menor que la preocupación por la pérdida económica. Esta es una pequeña anotación malévola que puse hace tres días en la libreta negra de “Anotaciones malintencionadas”.

No sé si navegamos todos juntos hacia un final de época o, como Gustav Aschenbach, el protagonista de Muerte en Venecia, aspiramos a un final apocalíptico y coral. Un hombre disciplinado este Aschenbach, quien, como su creador Thomas Mann, amaba el orden y lo banal, pero la obsesión por la belleza de Tadzio y la peste acabaron con él. Estoy convencida de que lo que sucede hoy no tiene nada que ver con Thomas Mann, ni con Visconti, ni con Gustav ni con Tadzio… Era un mundo muy distinto.  

Creo que de todo lo que ocurría hace un siglo, lo único que podría ser hoy igual es la obsesión amorosa y la soberbia música de Mahler en la película de Visconti. Quizá también el simbolismo de la decadencia y sobre todo Venecia, que sigue hundiéndose en su melancolía en este momento tecnológico, acelerado y cruel. Ah, bueno…y la muerte, claro.


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