Motivos para indignarse

15/06/2011 - 00:00 Antonio Casado

 
¿Motivos para indignarse? Ahí tenemos uno: el compadreo de los dos principales partidos políticos para acordar o disputar según convenga. Da igual lo que diga la Constitución. Da igual lo que digan los ciudadanos respecto a la calidad de nuestra clase política, que ocupa el segundo lugar de las preocupaciones de los españoles, solo detrás del paro y la crisis económica. En este caso se trata de la renovación del Tribunal Constitucional. Por séptima vez en tres años lo están intentando los representantes del PSOE (Rubalcaba) y del PP (Trillo). Eso significa que al menos tres años el alto tribunal ha desbordado con creces la fecha de caducidad legalmente impuesta a una parte de sus magistrados (se renuevan por tercios cada tres años de modo que ninguno permanezca más de nueve años). Habida cuenta de que los magistrados de extracción parlamentaria (cuatro por el Congreso, cuatro por el Senado) deben ser elegidos por tres quintas partes de la Cámara, la elección tiene que estar previamente cocinada sobre la suma de los votos del PSOE y del PP. O sea, que basta el veto de uno de los dos para bloquear el proceso.

   Y eso es lo que está ocurriendo en torno al nombre de Enrique López, un juez de la Audiencia Nacional que fue políticamente muy beligerante contra el PSOE en su etapa de portavoz del Consejo General del Poder Judicial. El PSOE se empeña en vetarle. Y el PP se empeña en mantenerlo. Hasta que los tres magistrados caducados, que están esperando que el Congreso les sustituya por otros desde noviembre (otros, los que habían de nombrarse en el Senado, esperaron más de tres años, hasta que los renovaron hace unos meses) se plantaron y presentaron unilateralmente su renuncia. La renuncia no ha sido aceptada por el presidente, Pascual Sala, pero el escándalo ha sido suficiente para que a los dos grandes partidos, seguramente por algún resto de vergüenza que debe quedarles en alguna parte, han decidido ponerse las pilas.

   Quince días les ha dado el presidente del Congreso, José Bono, para que se pongan de acuerdo. Arreglar en quince días lo que no quisieron arreglar en tres años es otro motivo de indignación. Si es que lo arreglan. Los principios no pueden ser más desalentadores. El representante del PP, Federico Trillo, jura por su honor que tiene voluntad de llegar a un acuerdo pero, eso sí, manteniendo la candidatura de Enrique López. Solo falta que ahora salga Rubalcaba jurando por su honor que quiere resolver el problema de una vez por todas pero, eso sí, manteniendo el veto a Enrique López. Es lo que le cuadra al despropósito en el que se ha convertido la no aceptada dimisión de los tres magistrados caducados. En este caso la renuncia fue la denuncia contra un Tribunal Constitucional que en este asunto no ha cumplido la Constitución. Véase el despropósito.