11/01/2020 / 17:06
Marta Velasco


Imagenes

Mujercitas

Lo que las mujeres exigimos es que se cumplan las leyes que nos hacen libres e iguales y se eduque a los niños y niñas en el respeto mutuo.


Siguiendo la tradición, cada año en Navidad dedico unas horas a ver Mujercitas en la televisión. Hay adaptaciones antiguas y buenas, a veces lloro un poco… o mucho, por la navidad de antes y las cosas perdidas. Pero mi añoranza es para el día lluvioso en que leí el libro de Louise May Alcott, sentada en el gabinete de mis tías con la butaca pegada al radiador y sin levantar cabeza. Ese día tan feliz, deseé con toda el alma ser Jo March, escribir en el desván, comer manzanas y tener un vecino como Teddy.

Cuando anocheció, en Sigüenza nevaba silenciosamente como en aquella América antigua, remota y en guerra y, cuando terminé el libro y se acabó la magia, no dude que podría ser como la protagonista, a los once años puedes soñar lo que quieras y, aunque parecía que en aquella época las mujeres no podían hacer gran cosa, yo estaba rodeada de mujeres fuertes. Mis dos abuelas eran personas de carácter, una llevaba su finca organizando el trabajo con eficacia, y la otra, en cama desde su último parto, dirigía la casa, a los once hijos, a mi abuelo y hasta al Sr. Deán, si fuera preciso, con un toque de su impertinente campanilla. Mi madre estudió en un colegio masculino el bachillerato y, cuando lo terminó, fue a la universidad. Ellas, y muchas más, fueron Mujercitas y después mujeres decididas y valiosas. 

Las versiones cinematográficas basadas en la obra fueron buenas y oscarizadas, pero muy parecidas, hasta que este año mi hija y mi nieta vinieron a buscarme para ir al cine a ver la última película de Mujercitas en pantalla grande. Por fin la escritora ha sido vengada por una directora inteligente.  Greta Gerwig le ha quitado lágrimas, ha sacado el alma de los personajes y les ha dado la fuerza que tenían dentro. Las cuatro hermanitas han crecido y estas Mujercitas, con Saoirse Ronan a la cabeza en el papel de Jo March, han tomado las riendas de sus vidas. Lo pasé divinamente, sin tanta emotividad, pero con más emoción, y me pareció un maravilloso cuadro de brillos inusitados. Lo más bello de la obra de L.M. Alcott en abstracto, pura poesía.

Estamos en un momento abominable para las mujeres, el asesinato, el maltrato y las violaciones en manada son la nota amarga de cada día y, cuando se habla de mujeres, siempre se trata del empoderamiento, vaya palabra. Creo que no somos nosotras las que necesitamos que nos empoderen, lo traemos de nacimiento y vivimos en una democracia. Lo que las mujeres exigimos es que se cumplan las leyes que nos hacen libres e iguales, que se aplique la justicia con rigor y rapidez y que se eduque a los niños y niñas en el respeto mutuo. Somos poderosas cuando tratamos con hombres educados en la igualdad y cuando escritoras como Louise May Alcott o directoras como Greta Gerwig, invitan a las Mujercitas a convertirse en Mujeres, sin sumisiones ancestrales.


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