Niños hiperactivos

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

Javier Urra - Psicólogo
El Trastorno por déficit de Atención e Hiperactividad es el trastorno más frecuente en la psiquiatraía infanto-juvenil -¡por cierto a ver si de una vez en España se reconoce esta especialidad!- y en la psicología clínica de niños, adolescentes y jóvenes.
Si bien, no todos los casos diagnosticados (o etiquetados) como tales son auténticos TDAH. Los tests psicológicos tienen gran validez para ratificar el diagnóstico. La exploración psicológica permite concretar aspectos específicos del estado cognitivo-intelectual y elaborar programas psicopedagógicos individualizados, pues los problemas de rendimiento escolar y las dificultades de aprendizaje están manifiestamente asociadas. Las pruebas objetivas psicológicas muestran que un 30% de los niños tienen dislexia.
El régimen de tratamiento que combina la medicación con intervenciones para modificar las conductas de estos niños (junto al entrenamiento de los padres) es el más efectivo. Hay que combinar pautas médico-psicológicas-educativas. Inicialmente el tratamiento debe concebirse como un cierto control externo que dependa del entorno circundante (familia, escuela, amigos…) para ir desplazándonos hacia un control de tipo interno que dependa del propio niño (autocontrol).
Suele comenzar antes de la edad escolar, aunque es en la escuela donde se manifiesta inequívocamente su rasgo definitorio por excelencia: una incapacidad para prestar atención. (Los no tratados acaban en fracaso escolar). Padres y educadores, han de rebajar su propia ansiedad y reforzar las conductas positivas de los niños. Deben evitar regañar continuamente al niño, lo que sólo contribuirá a agravar el problema y hacer que se sienta incomprendido y rechazado.
Las instrucciones han de ser claras y concisas. La rutina muy estructurada. Bien definidas las expectativas y deberes. Reglas específicas y aplicarlas de manera consecuente.
Resulta eficaz la psicoterapia (específicamente con terapia del comportamiento) en combinación con el autoseguimiento (participación de los niños en sus propios progresos). Se les explica con claridad el problema y la estrategia para solucionarlo.
El entrenamiento de los padres ha mostrado ser muy eficaz para niños hiperactivos en edad preescolar y escolar. Estos niños necesitan mucho afecto, pero también firmeza en las pautas parentales y tener bien claro los límites que se les debe imponer en la convivencia familiar. Conviene evitar las sobreprotección.
Evitemos la extendida automedicación y la presión a los médicos para que receten medicamentos no imprescindibles.
El “dolor por incomprensión” surge cuando las personas del entorno social reaccionan considerando que con la etiqueta de “niño/a hiperactivo/a” se trata de excusar a unos padres que educan mal a sus hijos y que a éstos se les evita asumir responsabilidades.
Los padres no deben autoevaluarse negativamente por no conseguir los objetivos propuestos (deberán eso sí replantearse las conductas que se necesitan mejorar).
Hay que ser indulgentes (porque el niño no siempre sabe controlarse). Conviene (en la medida de lo posible) mantener la calma y el sentido del humor para que el niño pueda conservar su autoestima.
Los padres precisan grupos de autoayuda, realizar actividades sociales de ocio y disfrutar de tiempo libre, practicar ejercicio físico, aprender técnicas de relajación muscular, organizar su tiempo. Han de asumir que su hijo convive con una discapacidad, no una incapacidad. Con el apoyo adecuado pueden ser reeducados (también los déficits asociados) hasta alcanzar la normalización de su conducta.
El mundo de lo adultos no está hecho para estos niños, se precisa paciencia y comprensión, se demanda equilibrio y serenidad.
La incidencia en nuestro país se sitúa en torno al 4%. La impulsividad, la inatención, la necesidad constante de actividad responden a una disfunción cerebral. La hiperactividad no es una manera de comportarse sino un trastorno. El niño hiperactivo no se comporta así para molestar, sino porque es incapaz de hacerlo de otra manera.