Oriente Chungo
Partimos de la premisa de que una de las zonas más calientes del planeta es Oriente Medio y que al final no hay una verdad absoluta sino distintos puntos de vista sobre el mismo asunto. Si a principios de año, Donald Trump “extraía” a Nicolás Maduro del Gobierno de Venezuela, pocas semanas después se ha unido a Israel para “desvivir” (o como dirían los jóvenes, mandar al lobby) a Alí Jameneí y enfrascarse en el eterno conflicto en la zona, esta vez con el jefe final del juego: Irán. La cabeza del denominado Eje del Mal y a priori, culmen del conflicto zonal entre judíos y árabes y a su vez entre suníes y chiíes. Dejando de lado la estética de cómo afrontar esta acción militar (o sin paños calientes, guerra) ya sea al estilo Macron, liderando la flota defensiva y ampliando las reservas nucleares, o al estilo Sánchez de negarse a un colaboracionismo americano rescatando dogmas y eslóganes de hace dos décadas, tenemos que analizar el impacto económico de esta nueva incursión en esta zona del mundo. Cada país aliado de la Unión Europa ha terminado mandando fragatas o material bélico y da igual como se llame, terminaremos cosechando soldados muertos a medida que pasen las semanas y meses de esta crisis internacional.
Este conflicto es inédito en la historia mundial reciente porque las aristas son llamativas. Turquía amenazando a Chipre (dos países OTAN), Irán atacando a otros países árabes por sus coaliciones con el enemigo occidental (no suelen acabar bien las yihad islámicas) e incluso actores que toman el papel protagonista en la sombra (China, Rusia, India). No sé si estamos presenciando el inicio de la III Guerra Mundial, pero sí llevamos tiempo contemplando la decadencia del último imperio (USA) y el cambio de pesos de la balanza hacia el este. Desde época de los mongoles nunca ha habido un poder hegemónico en Oriente y es obvio que China liderará el mundo al término del siglo XXI, lo que no queda claro es saber en qué momento de la centuria será el punto de inflexión donde Pekín releve a Washington como capital de facto de nuestro planeta Tierra.
La factura de la guerra, ya la estamos pagando en distintos lugares del planeta debido a la tensión del cierre del Estrecho de Ormuz por parte de los ayatollah como defensa de sus intereses. Este punto angosto, es el principal paso de tránsito del crudo del Golfo Pérsico al mundo (especialmente Asia) y la localización donde se centran todas las miradas. Si algún comandante yanqui había previsto que esta guerra iba a durar poco, está francamente equivocado. Irán es un país que lleva medio siglo esperando este momento, con más de 90 millones de personas y que ha adoctrinado a su pueblo ante el peligro de las barras y estrellas. Si Putin está pasando las de Caín en Ucrania, salvo un desembarco y despliegue masivo en Persia, este conflicto tiene pinta de perpetuarse durante varios años. Ya no es un tema de uranio enriquecido, sino de geopolítica y de desgaste a largo plazo para occidente. A fecha de firma del presente artículo se están liberando reservas estratégicas de crudo y se está recomendando en muchos lugares el teletrabajo para evitar consumir más de lo que se puede. Una mera cuenta aritmética nos muestra como esas provisiones nacionales solo cubren entre 100 y 120 días de operativa normal, por lo que, si esta presión de los mercados se mantiene pasado el verano, que nadie dude que los más de 2€ por libro de diesel (casi) hoy, se van a convertir en un dolor de gónadas para cualquier estado en el corto plazo. No está la economía mundial, la europea en particular y la española en específico para tirar cohetes y un aumento de inflación y coste de materias primas va a generar pobreza indirecta, aumento de impuestos y pérdida de poder adquisitivo para los ciudadanos. Todavía nos queda la mitad del mandato de Trump y sobre todo su herencia, en todo caso, Oriente está chungo y lo que nos queda por ver (y pagar).