17/10/2020 / 12:00
Antonio Yagüe


Imagenes

Otoñadas

 La comarca nos regala su hermosa otoñada, con sus chopos, olmos y árboles de hoja caduca en los valles del Gallo y el Mesa. 


En tiempos tan confusos sin casi nada en que creer ni poder discernir las noticias falsas de las verdaderas, se nos está colando sin enterarnos el otoño. Los antepasados lo definían como una segunda primavera. Aseguraban que árboles, arbustos y demás plantas lo sentían y que, por ejemplo, esta segunda floración del tomillo, ideal para guisos e infusiones, no tiene que envidiar a la de San Juan. “En otoño cada hoja es una flor”, sentenció Albert Camus.

  La comarca nos regala su hermosa otoñada, con sus chopos, olmos y árboles de hoja caduca en los valles del Gallo y el Mesa despidiéndose con sinfonía de colores y las coníferas haciendo contrapunto. Merece la pena atravesar sus humildes riberas para darnos un baño de belleza, que nunca sobra, buscar la brisa tibia de las tardes de octubre, el frío novicio de las mañanas con memoria de escarcha y las primeras heladas que no llegan a ofrecer rocío alguno.

  En otros tiempos los pastores rabotaban las corderas y se cocinaban los apéndices en la lumbre o como un sabroso manjar, se sembraba lo último, se limpiaban los muladares, se arreglaban portillos, se recogían setas, calabazas, nueces, almendras, higos y membrillos, maduraban las bellotas… Era la estación con más lluvia y con ella emanaban de la tierra nuevos aromas y un olor a plenitud de montes y campos. Desde siempre las puestas de sol son más largas que en verano. Por eso nos regalan un festival de cielos rojizos, reflejo de los tonos cálidos que cubren primero las hojas de los árboles y luego el suelo, para convertirse en fértil humus del que volverá a brotar la vida.

En la literatura oriental en otoño la naturaleza practica el desapego y se desprende de lo que no es esencial. Invita a la reflexión y a la calma interior para empezar de nuevo. Podemos soltar relaciones marchitas, despidiéndonos de manera genuina, con agradecimiento y responsabilidad. Es tiempo de melancolía, muerte y renacimiento. 

En días tan tumultosos es un lujazo un relajante paseo campestre y una conversación interesante, en la que existe el interés mutuo, reciprocidad y respeto.


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