Palabra de Dios

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

ARTÍCULOS
SANTIAGO LÓPEZ CASTILLO
Ahora resulta que estos agnósticos que nos gobiernan se fijan más en la Iglesia que en los propios creyentes. Hay qué ver cómo se han puesto -el grito en el cielo- por el documento de los obispos.
Una recomendación moral que cada víspera de elecciones proclama la Conferencia Episcopal. La corte del faraón, más sus acólitos mediáticos, se ha lanzado como un solo hombre o mujer -ojo con el lenguaje sexista- a descalificar a la jerarquía eclesiástica, cuando no a insultarla y amenazarla, en especial, ese prohombre gallego que retó a Benedicto XVI a debatir sobre la misión de la Iglesia en la Tierra. Ahí es nada.
Por si fuera poco, a la gresca se ha sumado, comme il faut, la jauría de los titiriteros, estómagos agradecidos (no a la guerra, nunca mais, Aznar asesino…, etcétera), con ese bufo a la cabeza apellidado San Juan, qué castigo, Señor, que en su dedicatoria por la consecución del premio Goya (y Lucientes) incluyó a la Conferencia Episcopal “esa cosa, para su disolución definitiva”. Pero no hay que sorprenderse. Está en el guión que escribe el socialismo imperante y que es coreado con un ra, ra, ra del gol. Los gobiernos del Partido Popular también se sumaron a la celebración de la gala, pero con un resultado distinto. Aún recuerdo el abucheo a Pilar del Castillo, entonces ministra de Educación, cuando los bufones advirtieron su presencia y ponerla de chupa de dómine y eso que sus orígenes políticos fueron el PCE. Pero la Academia del Cine o del Cine-Exin únicamente se fija en la buchaca. Como las SGAE. Todo por la izquierda, pero trincando por la derecha.
Mas me desvío. La Iglesia no sólo puede opinar sobre la cosas terrenas, haciendo uso de la libertad de expresión, sino que tiene la obligación de pronunciarse sobre las cuestiones sociales. Guardo, de mi época universitaria, un ilustrativo libro titulado “Doctrina social católica” (1964), de varios autores, entre los que figuraba José Mª Guix Ferreres, que llegaría a obispo, y que era una mentalidad avanzada en el Régimen de Franco. Porque, si bien existía entonces un acomodaticio nacional-catolicismo, no es menos cierto que actuaba un clero crítico como el Padre Llanos (al que conocí en el Pozo del Tío Raimundo), Martín Descalzo (amiguísimo mío en las tareas periodísticas de ABC-Blanco y Negro) o el cardenal Tarancón (al paredón). Bien. Pues en el citado volumen, además de la persona, se habla del problema social y la intervención de la Iglesia, el bien común, justicia social y caridad, la familia, el trabajo, la propiedad, la empresa, el Estado, liberalismo, totalitarismo, comunismo, promoción del proletariado, la paz social y lucha de clases, y, para no hacer infinito este corolario, la acción temporal del cristiano. Claro que para este Gobierno agnóstico y desilustrado suena a música celestial, aunque no la haya oído en su vida.
¿Que esta campaña anticlerical del PSOE le pilla al PP de perfil y con estos pelos y que puede perjudicarle electoralmente? Oiga, con todos mis respetos, como si se la pica un pollo. Pero que la Iglesia defienda la vida, condene el aborto, también la injusticia, aliente la familia, repruebe los matrimonios homosexuales, rechace la eutanasia, también el terrorismo, etcétera, son cuestiones que rigen en el derecho natural. Da la impresión -a juzgar por el comportamiento de las huestes de Rodríguez Zapatero- de que el socialismo, entre los que hay creyentes, se ha salido de madre, de padre y de muy señor mío. El texto de los obispos, en fin, bien analizado, resulta impecable. No sé si es palabra de Dios. O la voz que clama en el desierto. Pero se acerca a la fe, nunca desdeñable.