Pasear por el bosque

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

EL COMENTARIO
Teodoro Alonso - Profesor
No es un privilegio de las regiones del norte, no hace falta la presencia de hayas o grandes robles, ni tampoco abetos o abedules.
Existe también el bosque mediterráneo, austero y de pequeño porte, que cada primavera vuelve a renovarse, como Perséfone en la mitología griega. No hace falta alejarse de casa ni viajar para tener esa sensación maravillosa que es pasear por un bosque y sentir la presencia de los árboles que, puestos en pie, parecen darnos compañía.
Es posible hacerlo cerca de la ciudad de Guadalajara y encontrarse con un conjunto de árboles conformando un ecosistema equilibrado, típicamente mediterráneo, en el que se combinan, alternándose o en grandes manchas, encinas y robles y, en el sotobosque, todo tipo de aromáticas características de la Alcarria.
Apenas se desvía uno de la carretera y se pasa un puente de nueva construcción ya se puede pasear entre pardas encinas. Algunas se adornan ya de nuevos brotes y también de floraciones en forma de colgantes que se balancean con la brisa y destacan sobre el fondo de las azules sierras del Ocejón. Me recuerdan algunos cuadros de Velázquez que pintó a sus personajes cortesanos con los paisajes del monte de El Pardo como marco. Prefirió las pardas encinas a los jardines de palacio.
Adentrándose por un camino se llega a una zona de sólo robles que estrenan un verde claro intenso. Por los caminos y senderos que lo atraviesan se puede tener la sensación del paseante solitario. Se puede uno detener para descubrir plantas y flores exóticas como las orquídeas o las peonías, comunes como la salvia, el romero o el tomillo. Por su canto podemos adivinar la presencia de algunos pájaros exóticos como la dorada y escurridiza oropéndola, o la alondra común que se deja ver aleteando y cantando a gran altura. Cruzan otros volando como el rabilargo, las torcaces, el arrendajo o las urracas. Los únicos humanos que nos encontramos fueron uno con su bici de montaña y, en un claro del bosque, dos aficionados practicando el tiro olímpico. Afortunadamente ni los locos del moto-cross, ni domingueros con la radio a todo volumen o vehículos cuatro por cuatro hicieron acto de presencia.
No lejos de estos lugares hay grandes extensiones de zonas baldías que en esta lluviosa primavera nos recuerdan las praderas del Serengueti. Hace un par de años estaban cultivadas lo que nos hacen sospechar si no serán terrenos prestos a ser pasto de la especulación y de urbanización después.
Algunas ciudades como Vitoria tienen el privilegio de anillos verdes rodeando completamente la ciudad. Los bosque que describo podrían muy bien tener ese destino en la nuestra. El atento lector, si es amante de la naturaleza, puede fácilmente adivinar donde está el lugar que describo. Los demás abstenerse.