Pecados capitales
01/10/2010 - 09:45
Fernando Almansa
Al acabar la Semana Santa, vuelven las cosas a su devenir cotidiano, a la rutina más o menos vulgar. Atrás quedan las procesiones y caravanas, la devoción y la vacación. Pero en esa rutina recuperada, debería notarse, el descanso físico y para algunos, quizá los menos, el espiritual.
Durante estos días de Semana Santa mucho se ha hablado de los llamados nuevos pecados que la Iglesia católica ha promulgado. Varios comentaristas y contertulios de programas radiofónicos han querido poner su guinda en este pastel, y lamentablemente la mayoría de ellos sólo han conseguido poner de manifiesto su incultura religiosa. Y es que en una sociedad laica, no esta demás conocer la cultura de las religiones que han conformado gran parte de la historia de este país, sin que por ello se caiga en confesionalidad, ni favoritismo religioso.Pero volviendo sobre le tema de los nuevos pecados proclamados por la Iglesia, hay que decir que de nuevo tienen poco, pues son muy viejos, tan viejos como la historia de la cristiandad.
El enriquecimiento extremo, ya fue denunciado no sólo por el mismo Jesús, sino por los profetas del antiguo testamento. La contaminación ambiental o el mal uso de los recursos naturales, forman parte de la tradición cristiana de la Iglesia primitiva, mucho más en sintonía con el medio ambiente y con un uso austero y moderado de los recursos disponibles. Y así un largo etc. Que hacen de todo esto un déjà vu. Sin duda lo novedoso de estos llamados nuevos pecados, es que vuelven a recuperar la tradición social de la Iglesia y su vocación trascendente, no sólo en lo espiritual sino en lo material.Pero claro está que la prueba está en la aplicación práctica y no en la definición teórica de los pecados. Y la Iglesia debe empezar a llamar por su nombre a las personas que se enriquecen a costa de los demás. Véase los beneficios bancarios, más propios de la definición de usura que de la de beneficio empresarial.
También sería bueno que a quienes justifican y promueven el asesinato, no sólo en su modalidad de aborto, sino en los clásicos de guerras injustas y desproporcionadas, se les llame asesinos y no se les justifique como se hizo en la guerra de Irak, ahora de nuevo vitoreada por el que para muchos es un criminal de guerra: Aznar.
Sería bueno que la Iglesia tomara distancia de quienes plantean proyectos que atacan el medio ambiente y plantean un mal uso de los recursos naturales: los planes de urbanización desproporcionada, el consumo energético incuestionado, etc.etc.
Pero al fin y a la postre, la valoración moral de la Iglesia, es sólo un patrón válido para los cristianos católicos, pero puede ser un buen referente para la sociedad, si se cumple una sola premisa: coherencia.
Este sería un buen fruto de la Semana Santa par todos los que nos decimos cristianos.
El enriquecimiento extremo, ya fue denunciado no sólo por el mismo Jesús, sino por los profetas del antiguo testamento. La contaminación ambiental o el mal uso de los recursos naturales, forman parte de la tradición cristiana de la Iglesia primitiva, mucho más en sintonía con el medio ambiente y con un uso austero y moderado de los recursos disponibles. Y así un largo etc. Que hacen de todo esto un déjà vu. Sin duda lo novedoso de estos llamados nuevos pecados, es que vuelven a recuperar la tradición social de la Iglesia y su vocación trascendente, no sólo en lo espiritual sino en lo material.Pero claro está que la prueba está en la aplicación práctica y no en la definición teórica de los pecados. Y la Iglesia debe empezar a llamar por su nombre a las personas que se enriquecen a costa de los demás. Véase los beneficios bancarios, más propios de la definición de usura que de la de beneficio empresarial.
También sería bueno que a quienes justifican y promueven el asesinato, no sólo en su modalidad de aborto, sino en los clásicos de guerras injustas y desproporcionadas, se les llame asesinos y no se les justifique como se hizo en la guerra de Irak, ahora de nuevo vitoreada por el que para muchos es un criminal de guerra: Aznar.
Sería bueno que la Iglesia tomara distancia de quienes plantean proyectos que atacan el medio ambiente y plantean un mal uso de los recursos naturales: los planes de urbanización desproporcionada, el consumo energético incuestionado, etc.etc.
Pero al fin y a la postre, la valoración moral de la Iglesia, es sólo un patrón válido para los cristianos católicos, pero puede ser un buen referente para la sociedad, si se cumple una sola premisa: coherencia.
Este sería un buen fruto de la Semana Santa par todos los que nos decimos cristianos.