Pepiño y miembra

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

CARTAS AL DIRECTOR
María Crespo - Diputada regional del PP
Hoy estoy “superiorizada”. España ha ganado la Eurocopa y, como no puede ser de otro modo, yo estoy “superiorizada”.
“Superiorizada” porque España ganó y “superiorizada” por ver cómo el fútbol es capaz de unir a “rojos” y a “fachas”, a jóvenes y a viejos, a cultos e incultos, todos unidos, unidos por España.
Esta patada al diccionario no tendría más importancia si no fuera porque la copié de la intervención de la flamante Ministra de Igualdad que, no sé si por ser miembro del gobierno ZP o porque imita a Valle Inclán, pero últimamente nos acostumbra a vocablos desconocidos para los castellanohablantes.
Los miembros, y no diré “miembras” porque no comparto la ideología de género, los colaboradores del actual gobierno no están muy duchos en el castellano. Ya estábamos acostumbrados al “efeto”, “conceto” y “aspeto” del simpático Pepiño Blanco, incapaz de corregir su modo de hablar, no sé si por inculto o por un defecto físico, sea como fuera, debería evitar pronunciar en público aquello de lo que es incapaz.
Este Pepiño inculto ha abierto el María Moliner para enterarse de lo que es crisis. Pues yo, como la mayoría de los españoles, no necesito el diccionario, me basta con comprar en la carnicería, en la pescadería, en la frutería o comprarles zapatos a mis hijos, para saber que todo sube y sube como la espuma, mientras que nuestros sueldos de funcionarios sólo se actualizan según el IPC previsto, ni siquiera el real, este mes el 5,1.

Sin embargo, ahora junto a Pepiño surge una ministra que pretende defender a las mujeres y, como esto no “vende”, para que hablemos de ella, hace una puesta en escena horrorosa.
Yo no soy partidaria de las discriminaciones positivas. Creo que los derechos hay que hacerlos valer sin discriminar a nadie, ni en positivo ni en negativo. Creo que las mujeres tenemos idéntica dignidad que los hombres y por eso se nos debe tratar igual, ni mejor ni peor que a nadie, simplemente igual, y darnos las oportunidades para que podamos mostrar si valemos o no.
Por eso, me ha parecido muy oportuna la declaración de la Ministra de Igualdad en la que dijo que las mujeres musulmanas debían vestir igual que los hombres, pues no tiene sentido que ellos vistan como occidentales y a ellas no se les vean ni los talones con cuarenta grados a la sombra.
La igualdad no pasa por el lenguaje. La igualdad está o no, en la cabeza y en el corazón de las personas y, por mucho que se hable de hombres y mujeres, de niños y niñas o de miembros y de “miembras”, si a las mujeres se les utiliza porque ahora están de moda y no porque valgan lo mismo que un hombre, estamos perdiendo el tiempo. Basta ya de falacias y de remilgos y, sobre todo, es hora de reconocer que todos somos iguales en dignidad, derechos y deberes.