08/04/2011 / 00:00
Esther Esteban


Políticos caraduras


 
No. No son políticos, son caraduras. No son ciudadanos cuya acción sea ejemplar ni ejemplarizante para sus compatriotas, son chupópteros que viven como reyes a nuestra costa. En lo único que todos se ponen e acuerdo es en cómo vivir bien y hacer lo imposible por mantener sus privilegios. Que prácticamente todos los eurodiputados votaran a una, como Fuenteovejuna, en contra de congelarse el sueldo y viajar en primera clase ha provocado una indignación popular muy entendible. Sólo hay que darse un paseo por Internet y las redes sociales para ver que la brecha que se ha abierto entre los políticos y los ciudadanos de a pie es cada día mayor, en la medida que los primeros se comportan como una casta que cuida su chiringuito sin importarles lo que pasa de puertas afuera.
   Ser eurodiputado es un "chollete", aunque políticamente para quienes tienen pretensiones sea un destierro que al principio llevan mal. Conozco a muchos y podría citar nombres y apellidos, que cuando sus partidos políticos les situaron en las listas al Parlamento Europeo se llevaron un disgusto monumental, pero el desagrado se difuminó rápidamente al comprobar las ventajas de la buena vida. Trabajan tres días a la semana, cuatro si la cosa se complica, se sienten impunes ya que es raro que sus actuaciones trasciendan a la opinión publica.
   Tienen un buen sueldo -6.200 euros brutos al mes- viajan gratis, contratan asistentes, cobran dietas por casi todo lo que no se ciña estrictamente al trabajo de rutina -con las que pueden doblar su retribución- y tienen mucho más tiempo para estar con su familia en sus largos fines de semana de tres días. Es verdad que no tienen la proyección del político nacional pero ¡pelillos a la mar! comparada con la buena vida. Nadie sabe a qué se dedica un eurodiputado, pero poco importa. Sólo empieza a importar cuando todos estamos con el agua al cuello y haciendo auténticos malabarismos para llegar a fin de mes y ellos se niegan en rotundo a apretarse el cinturón. Se creen superiores porque tienen concepto de casta y en eso no hay ideologías que valgan.
   Todos se creen caciques, dueños del cortijo y no quieren mezclarse con la plebe, no vaya a ser que se les acerque, incluso les salude y... por eso no quieren ir en turista. Lo de viajar en Business les da prestancia y caché. Esa cortinilla que separa los primeros asientos del avión con el resto es una especie de muro de contención, la valla que separa a los poderosos de esos a los que ellos consideran súbditos. Ahora, cuando ese pueblo llano y soberano que les ha puesto donde están ha alzado la voz y les ha señalado con el dedo acusador, se buscan excusas de medio pelo para intentar aparentar lo que no son.
   Las explicaciones son mucho peor que el silencio. Dicen que se equivocaron al votar, que rectificar es de sabios, o que lo que pretendían negándose a aceptar medidas de austeridad era ir por elevación al fondo de los problemas y que los recortes ¿recortes? fueran más allá del chocolate del loro. Excusas pequeñas para paliar el bochorno y golpes de pecho que no engañan a nadie. El Parlamento Europeo es un cementerio de Elefantes y las prebendas también son elefantiásicas y ahí es donde está el problema. ¡Que nadie quiere perder el chupichollo! El verdadero problema más allá de este asunto puntual, es el divorcio que existe entre la clase política y los ciudadanos, que reflejan perfectamente todas las encuestas. No es baladí que los políticos se hayan convertido en un problema en vez de una solución, ni tampoco que lo que antes era un mérito: dedicarse a la cosa publica se haya convertido ahora en un demérito y algo a despreciar.
   El otro día me decía un diputado -encargado de elaborar las listas electorales en su circunscripción- que estaban teniendo auténticos problemas para completarlas, fundamentalmente por el qué dirán. Salvo los políticos profesionales, que han hecho de ello su forma de vida y sustento, encontrar personas de la sociedad civil, ciudadanos independientes que quieran vincularse a las siglas de un partido para hacer un servicio a su comunidad, es casi misión imposible. Los abusos, la corrupción, la miseria partidista, los enfrentamientos gratuitos y la falta de grandeza democrática hacen que el ambiente sea espeso, cada vez más irrespirable, debilita la democracia y es el caldo de cultivo ideal para que aparezcan iluminados de todo tipo y condición. Pero vamos ellos, sus señorías... a lo suyo.
    
    
  
 
 
  
 
  

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