28/12/2019 / 18:13
Antonio Yagüe


Imagenes

Predicciones

Diversos personajes relevantes como Gregorio Marañón, Pío Baroja, Ramón del Valle-Inclán, el conde de Romanones, la actriz Margarita Xirgu o el portero Ricardo Zamora, participaron en 1932 (plena República) en un reportaje en ‘Ahora’ con predicciones sobre sus disciplinas para el año 2000.


Ante cada año nuevo los medios tiran de expertos en prospectiva o videntes y gurús tocados con capisayos, batas, turbantes y bolas mágicas, para predecir o profetizar qué nos espera. También se pronuncian en los  patios de vecinos televisivos repletos de tertuliasnos tipo Belén Esteban o Revilla sobre el futuro del Estado, el Gobierno, Cataluña, la economía y posibles avances científicos.

   Antes se miraba con más seriedad y a largo plazo. El otro día encontré una joya periodística en la hemeroteca virtual de la Biblioteca Nacional. Diversos personajes relevantes en sus ramas de conocimiento como Gregorio Marañón, Pío Baroja, Ramón del Valle-Inclán, el conde de Romanones, la actriz Margarita Xirgu o el portero Ricardo Zamora, participaron en 1932 (plena República) en un reportaje del diario ‘Ahora’ con predicciones sobre sus disciplinas para el año 2000.

   “No quedará ni recuerdo de las monarquías”, pronosticaba rotundo Romanones. “Las leyes agrarias y las conquistas del proletariado acabarán con las corridas de toros”, vaticinaba el torero Belmonte. “Todo el mundo será piloto”, argumentaba el aviador Francisco Iglesias Brage. Sobre todos, destaca Marañón: “El cáncer en el año 2000 será una enfermedad histórica”. O este otro augurio errado. “Las muertes por infecciones habrán desaparecido casi en absoluto”.

  El padre de endocrinología en España aventuraba que el descenso de esa mortalidad sería compensado por la de “desplazarse de un lugar a otro de la Tierra”. “Los médicos no tendrán apenas que curar. Su función se reducirá a la asistencia de los grandes sanatorios de nerviosos y cardiacos, y al servicio de accidentes quirúrgicos”, aseveraba.

Marañón defendía que la Medicina sería una ciencia exacta: “Se sabrá o no se sabrá, sin matices”. Tampoco ha llegado todavía, como creía, la preponderancia de la eugenesia. Sí predijo con cierto tino que el ejercicio de la Medicina sería una actividad controlada por el Estado y  destacaría la prevención y la actividad investigadora en grandes laboratorios.

Nos dejó a los “ciudadanos del futuro” esta reflexión: “Les parecerán unos pobres insensatos los dirigentes actuales (de 1932), gesticulando y declamando sobre nacionalidades, sistemas económicos, religiones, partidos políticos, sin comprender que lo esencial es cuidar a la humanidad, para que sea fuerte, no sea excesiva, sea buena y se reparta la superficie habitable del planeta de modo equitativo”. Parece que no han pasado 88 años.


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