Primavera calenturienta
Los establos radiotelevisivos de tertuliasnos predicen una primavera política de alta temperatura con elecciones en Castilla la Vieja, en un escenario general cada día más crispado, con el pluralismo perdido, una estancada imposición de bloques (o estás conmigo o contra mí), sin diálogo y a veces hasta sin respeto
El tiempo meteorológico, con los primeros almendros y sus primos ciruelos en flor, parece haberse preñado de temperaturas primaverales. De abril.
Nuestros antepasados agricultores y ganaderos, sin satélites ni sofisticadas tecnologías, sopesaban el comportamiento animal en sus predicciones. Además de cabañuelas, témporas y otras supersticiones.
La pasada semana arrancó la partida de las 20.000 grullas de la laguna de Gallocanta. Van regresando a las gélidas tierras del norte de Europa.
Estas bandadas divisadas desde nuestros pueblos, con su típica punta de flecha y peculiar algarabía en sonoro y coordinado griterío, son síntoma de que el invierno está dando sus estertores. Espectáculo parecido ofrecen estorninos, anátidas (patos y gansos) por la Alcarria y sobre la mismísima Castellana madrileña.
En nuestra peculiar Siberia/Celtiberia, según los nativos supervivientes, estas aves no se arrancaban hasta marzo en años fríos. Al adelantarse barruntan una primavera e incluso un verano cálidos.
La estampida adelantada también pudiera ser fruto del cacareado cambio climático. Ciertamente llevamos lustros en que apenas hiela. En buena parte de Soria, Teruel y del Señorío lo normal desde diciembre a marzo era amanecer con heladas que dejaban pies y manos como témpanos, una moquita incesante y molestos sabañones.
De chaval poníamos ya anochecido un pozal con agua en la puerta de casa para comprobar cuánto helaba. También medíamos el grosor de la capa de hielo en balsas y estanques arrojando pedruscos. El tío Alejo la machacaba con un hacha desportillada para que pudieran beber las ovejas.