Problemas globales
01/10/2010 - 09:45
Adolfo Yáñez - Madrid
El aumento vertiginoso tanto del precio de los alimentos como de la energía hace que el mundo entero se vea hoy sacudido por un descomunal tsunami de huelgas y de protestas que causan estragos en múltiples latitudes del planeta. Desde Corea del Sur, Malasia o Filipinas hasta Estados Unidos.
Pasando por Europa, naturalmente. Son muchos los gobiernos que bajan su cota de popularidad al mismo ritmo endiablado al que suben los precios. Y, para que las masas no acaben pagando con ellos el enojo que la nueva situación produce, los dirigentes tratan de ocultar esta crisis sin nombrarla siquiera o utilizando eufemismos que en nada ayudan a mejorar una situación compleja e inédita por su globalidad. Pero quienes siguen de cerca las vicisitudes de la economía planetaria afirman no sólo que la crisis existe, sino que los problemas no han hecho más que empezar. Aseguran que el mercado de materias primas permanecerá errático durante bastante tiempo, lo que, traducido al romance, quiere decir que los ciudadanos deberemos habituarnos a sufrir desabastecimientos, paro, dificultades para hacer frente a nuestros compromisos financieros y penurias que nos harán olvidar el ritmo de vida al que estábamos acostumbrados. Nunca hasta ahora la humanidad se había estremecido al unísono ni había conocido un paroxismo similar en la demanda generalizada de bienes tan variados como el trigo, la leche, el oro, los carburantes, el arroz o el plomo. Todo parece poseído de un loco frenesí de sobrevaloraciones galopantes a nivel internacional. Productos tan diversos como la soja, el uranio y hasta los lienzos de artistas famosos se han lanzado a una furiosa carrera de precios de la que nadie parece dominar las riendas. De igual modo se ha disparado el coste de los servicios. Ahí están los fletes marítimos o el transporte por tierra para atestiguar cuanto afirmo. Y resulta evidente que las naciones ya no pueden permanecer al margen de lo que ocurre más allá de sus propias fronteras, pues no hay país, por muy poderoso que sea, en el que no repercutan los problemas de otros países.
¿Conseguirá la desalmada economía lo que no han conseguido los filósofos ni las religiones? ¿Conseguirá obligarnos a admitir que todos los hombres somos un solo pueblo, todos vivimos en un mismo hogar llamado tierra, todos poseemos unos mismos intereses y todos caminamos juntos hacia el futuro?
¿Conseguirá la desalmada economía lo que no han conseguido los filósofos ni las religiones? ¿Conseguirá obligarnos a admitir que todos los hombres somos un solo pueblo, todos vivimos en un mismo hogar llamado tierra, todos poseemos unos mismos intereses y todos caminamos juntos hacia el futuro?