23/12/2020 / 12:41
Redacción


Prudentes Navidades

 Nochebuena, Nochevieja y noche de Reyes, en los que el excesivo contacto con los demás puede traer como consecuencia una tercera ola que se traduzca  en muerte y sufrimiento


Estamos en vísperas de Nochebuena, ocasión de reencuentro con las personas queridas, noche para estar juntos, compartir mesa y reunión, cita esperada, emocionante y reconfortante como lo son en general estas fechas tan especiales y entrañables de la Navidad. El problema es que algo tan natural, humano y normal ,como acercarnos a los demás se convierte en la más peligrosa de las acciones que se pueden llevar a cabo cuando existe un virus que se propaga de persona a persona causando los graves estragos que conocemos. Y llegamos a la que dicen es la peor de las pesadillas para un virólogo, y por lo tanto para la humanidad, con una situación si no critica si bastante preocupante con datos de contagios elevados, con riesgo medio-alto y considerable mortalidad. La vacuna está llegando- y es el antídoto con el que venceremos en esta guerra- pero no servirá en la batalla que libramos en estos momentos con tres álgidos combates, Nochebuena, Nochevieja y noche de Reyes, en los que el excesivo contacto con los demás puede traer como consecuencia una tercera ola que se traduzca  en muerte y sufrimiento. No por manido es menos cierto insistir en que el verdadero regalo de esta Navidad es querer a los nuestros desde la proximidad que ofrecen las tecnologías, que habrá otros muchos instantes- cumpleaños, aniversarios, eventos familiares y futuras navidades- para disfrutar de la mutua compañía, que no debemos poner en riesgo a nadie porque el verdadero favor se lo hacemos si les privamos del placer de la esperada visita. No es sencillo, al contrario, no abrazar o besar cuando tenemos en frente a alguien al que estamos unidos por cualquier lazo afectivo . Llevamos tiempo aprendiendo a expresar ese aprecio con otros gestos. Es duro, triste, doloroso no sentarse a la mesa con unos padres, hermanos o hijos para reír y pasar la más agradable de las veladas, pero si no convivimos habitualmente simplemente toca posponer la cena o la comida. Los gobiernos limitan, restringen, prohíben en parte, los expertos sanitarios nos alertan con la ciencia y la experiencia como avales, pero la verdadera responsabilidad está en cada uno de nosotros. El futuro inmediato de la pandemia lo decidimos con nuestra actitud ante las citas que marca el calendario. Apelamos, porque no podemos exigir, a unas prudentes navidades en las que tomemos conciencia de lo que tenemos y que no nos lleven a lamentar su pérdida.  


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