Prueba de fuego

30/12/2015 - 23:00 Javier del Castillo

Los partidos con representación parlamentaria tienen ahora la oportunidad de demostrar si son capaces de anteponer los intereses de España a los suyos propios.
El gordo del 20-D ha estado muy repartido y la incertidumbre que genera el nuevo mapa político amenaza seriamente la recuperación económica. Los indicadores han reflejado inmediatamente esta preocupación y al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, le ha faltado tiempo para explicar que “España necesita un gobierno estable”. Nuestros socios europeos deberían de saber que a los españoles nos gusta jugar a la lotería. El resultado de las urnas parece diseñado por un autor de novelas de intriga. No hay más que ver el reparto de escaños para percatarse de que estamos ante un panorama realmente complicado. Los líos que ya tenía Rajoy en la pasada legislatura se multiplican hasta el infinito, salvo que Ciudadanos y el Partido Socialista le permitan gobernar en minoría, con acuerdos puntuales.
Sin embargo, la fragmentación política no puede ser un obstáculo para seguir avanzando por la senda del crecimiento.En España las previsiones del PIB dependerán mucho de la estabilidad política. Y, si ésta no se logra, enseguida veremos una revisión de nuestro crecimiento a la baja.
Las formaciones políticas tienen que ceder en algunas de sus pretensiones y esforzarse para que la incertidumbre acabe cuanto antes. Sin un gobierno estable que devuelva la confianza a los inversores -especialmente a los inversores externos-, haremos un pan como unas tortas y todos nos arrepentiremos de haber propiciado con nuestro voto el fin del bipartidismo.
La estabilidad está por encima de las ambiciones personales.Este país necesita ahora soluciones. Y no supeditar respaldos, por poner solo el ejemplo de Pablo Iglesias, a que puedan celebrarse referéndums de independencia en Cataluña y el País Vasco para complacer a los electores que mayoritariamente te han votado. Los españoles no hemos depositado con claridad la confianza mayoritaria en una sola formación política y por lo tanto se supone que confiamos en una política de pactos y de acuerdos.
Pero, claro, o se reducen las exigencias partidistas y se impone una visión más generosa de la política, o nos iremos todos al carajo.