Pulso en Bolivia
01/10/2010 - 09:45
Por: Redacción
Javier F. Arribas
Ahora, los santacruceños optan directamente en la consulta a un elevado grado de autonomía frente al
gobierno central de La Paz
gobierno central de La Paz
Choque de trenes en Bolivia. Los habitantes de Santa Cruz, dirigidos por el prefecto, Rubén Costas, y un empresario de origen croata, Branco Mirankovic, plantan cara a los designios totalitarios del presidente, Evo Morales, y su intención de aprobar una Constitución a su medida, sin tener en cuenta el referéndum vinculante de 2006 que otorgaba a la Asamblea Constituyente el mandato para consagrar el sistema autonómico.
Ahora, los santacruceños optan directamente en la consulta a un elevado grado de autonomía frente al gobierno central de La Paz. La cuestión estriba en su aplicación formal y material porque las competencias que se dirimen deberá transmitirlas el ejecutivo de un Evo Morales que ha calificado de ilegal y secesionista la iniciativa de la zona más rica del país al albergar las mayores reservas de gas y petróleo. La Organización de Estados Americanos ha respaldado la integridad territorial de Bolivia pero ha evitado condenar la celebración del referéndum.
El pulso por el poder se produce después de que la gestión de Morales no haya logrado un mejor bienestar para sus ciudadanos a pesar de haber nacionalizado los hidrocarburos y haber obligado a las doce empresas extranjeras que operan en el país a firmar nuevos acuerdos donde el estado boliviano ostenta la mayoría. Pero el control no significa buena gestión y los resultados son negativos para los intereses de los bolivianos porque los ingresos prometidos no llegan al no explotar adecuadamente los yacimientos de gas que se encuentra a 5.000 metros de profundidad. La inversión para la exploración y extracción se ha reducido porque el gobierno boliviano no ha podido aportar los 5.000 millones de dólares necesarios, sólo ha llegado a 1.270.
Decepción en buena parte de la sociedad boliviana que había depositado su esperanza de un mejor reparto de la riqueza y mayores derechos para los indígenas en un presidente que ha seguido más los trazos dictatoriales de su mentor venezolano, Hugo Chávez, que la vía del diálogo con la oposición. El pulso que está planteado debe resolverse mediante la negociación entre las partes con el objetivo fundamental de evitar posibles enfrentamientos violentos y poder encontrar acuerdos básicos satisfactorios para el desarrollo de un país rico en gas pero incapaz por sí sólo de explotarlo y gestionarlo, y menos con el asesoramiento actual de los venezolanos. Lo que es imprescindible es lograr un buen reparto de los beneficios para todos.
Ahora, los santacruceños optan directamente en la consulta a un elevado grado de autonomía frente al gobierno central de La Paz. La cuestión estriba en su aplicación formal y material porque las competencias que se dirimen deberá transmitirlas el ejecutivo de un Evo Morales que ha calificado de ilegal y secesionista la iniciativa de la zona más rica del país al albergar las mayores reservas de gas y petróleo. La Organización de Estados Americanos ha respaldado la integridad territorial de Bolivia pero ha evitado condenar la celebración del referéndum.
El pulso por el poder se produce después de que la gestión de Morales no haya logrado un mejor bienestar para sus ciudadanos a pesar de haber nacionalizado los hidrocarburos y haber obligado a las doce empresas extranjeras que operan en el país a firmar nuevos acuerdos donde el estado boliviano ostenta la mayoría. Pero el control no significa buena gestión y los resultados son negativos para los intereses de los bolivianos porque los ingresos prometidos no llegan al no explotar adecuadamente los yacimientos de gas que se encuentra a 5.000 metros de profundidad. La inversión para la exploración y extracción se ha reducido porque el gobierno boliviano no ha podido aportar los 5.000 millones de dólares necesarios, sólo ha llegado a 1.270.
Decepción en buena parte de la sociedad boliviana que había depositado su esperanza de un mejor reparto de la riqueza y mayores derechos para los indígenas en un presidente que ha seguido más los trazos dictatoriales de su mentor venezolano, Hugo Chávez, que la vía del diálogo con la oposición. El pulso que está planteado debe resolverse mediante la negociación entre las partes con el objetivo fundamental de evitar posibles enfrentamientos violentos y poder encontrar acuerdos básicos satisfactorios para el desarrollo de un país rico en gas pero incapaz por sí sólo de explotarlo y gestionarlo, y menos con el asesoramiento actual de los venezolanos. Lo que es imprescindible es lograr un buen reparto de los beneficios para todos.