Puntos negros en el horizonte
España ha tenido el privilegio, 114 años después, de disfrutar de un eclipse de sol total que a priori no se repetirá en nuestra provincia hasta 2053 según los cálculos científicos. Guadalajara fue especial testigo de este evento ya que, siendo la capital de provincia más cercana a la capital, recibió a miles de personas que querían ver como la luna tapaba el astro rey. En términos de espectáculo físico, fue una delicia ver como se hacía de noche de golpe así como se reducían las temperaturas en uno de esos actos de la naturaleza que nos recuerda que somos insignificantes dentro del cosmos. Entre la filosofía y las matemáticas.
Como diría la otra punta de mi cordón umbilical, quiero creer que detrás de la lógica del universo, hay una fuerza o una energía con una motivación real que no sea jugar a la indiferencia con nuestra vida. Si todo se resume a la entropía y al metabolismo, a lo mejor solo surfearíamos entre el hedonismo y el absurdismo, pero por suerte, la vida es algo más que observar a hijo de la gran manceba de Sísifo feliz levantando la pesada piedra todos los días.
Y hay que decirlo, Guadalajara se puso en el mapa y sin ponerse guapa del todo (a ver como adecentas la tierra cuando la expectativa está en el cielo), al menos se cambió de ropa interior para recibir a hordas de personas que querían ver desde nuestra Guada City el ínclito eclipse. Desde el vermut de Miguel Fluiters, subían decenas (por no decir centenas) de extranjeros que bajo las distintas lenguas de la Torre de Babel, reclamaban un lugar para calmar su hambre y su sed así como se alegraban de los precios populares que tiene el nivel de vida en España. Este ejército de nómadas, dejó el centro del casco histórico sin reservas de pan y puso en cuarentena la paciencia de los hosteleros que querían irse a casa pero que a las 5 de la tarde seguían sirviendo cafés y restos de comida para los que no se conformaban con un bocadillo de chope.
Si de por si la restauración en agosto de nuestra ciudad es muy reducida, no te digo la falta de opciones que hubo para poder meterse algo a la boca en un establecimiento abierto al público. No es motivo de crítica, pero con más de cien mil almas ya en nuestras calles, a lo mejor hay que dar una pensaba sobre los servicios que tenemos y no solo sobre meter gente en espacios vacíos. Sirvan estas páginas para recordar que se pueden hacer alegaciones al PERIM (Plan Especial de Reforma Interior del Casco Antiguo y Barrios Colindantes) hasta el día 28 de agosto ya que, cada calle y cada esquina tienen una historia y sus protagonistas deben tener al menos voz para contar sus bondades y miserias. Que dura es nuestra villa caracense en enero y en agosto. Las bicicletas (y el pago del IBI) son para el verano.
Y volvemos a esa turba y caterva civilizada que acudieron (entre otros lugares) a las lomas de Aguas Vivas, gafas mediante, para presentar el acontecimiento. La gran mayoría de ellos, en transporte público y gracias al Cercanías, se presentaron y conocieron el Paseo de la Estación y la Calle Madrid en una improvisada autopista de cosmógrafos aficionados, arriba y abajo para conocer durante unas horas la ciudad que vivimos, a mitad de camino entre el asfalto reciente y la resistencia de los árboles sin podar.
Fue un orgullo organizativo, pero antes de ensalivarnos la genitalia con minucias, debemos ver ciertos puntos negros en el horizonte no cósmicos para seguir aprendiendo como ciudad. Igual que viene el turista ocasional ¿No podemos negociar con Renfe más líneas directas a Madrid para conciliar el trabajo y el dormitorio del residente? ¿No podemos llamar a las puertas de la Capital del Reino para que nos conozca algún madrileño despistado más y que coman/pernocten y jaja, compren bizcochos borrachos? ¿No podemos mostrar orgullo en lo que tenemos más días al año?
Son pensamientos mirando el cielo para mejorar nuestro suelo. De la misma forma que no hace falta ser astrofísico para hablar del eclipse (Nolan lo hizo de maravillas en Interstellar), tampoco sobran que los no economistas al mando de la caja, tomen nota de lo que opina el pueblo y valoren la limpieza y legitimidad que da la participación ciudadana. Los puntos negros que no se tratan, terminan enconándose. Benditas orejas, malditos cojones.