Putin tiene razón
01/10/2010 - 09:45
El CALENDARIO
PEDRO VILLALAR
El presidente de Rusia, temeroso sin duda de que el precedente kosovar aliente tensiones centrífugas en algunos territorios rusos en los que existen potentes movimientos independentistas, ha condenado la aquiescencia de la Unión Europea a la segregación de Kosovo, que en pocas horas declarará su independencia de Serbia.
Putin ha criticado el doble rasero de Bruselas y ha argumentado que en España, la gente no quiere vivir en un solo Estado; entonces, ¿por qué no les apoyan [a los independentistas] allí?.
Uno de los fines de la integración europea, explícitamente reconocido por sus padres fundadores, fue la amortiguación de los nacionalismos: la rivalidad entre las naciones dejaba de tener sentido si la pertenencia a una entidad superior desdibujaba las fronteras, mitigaba las históricas diferencias, sustituía la idea de conflicto por la de cooperación. La vieja disputa sobre los límites de cada Estado se diluía, en fin, en la gozosa totalidad del supraestado europeo.
Manifiestamente, la independencia de Kosovo, auspiciada por los norteamericanos, hiere a los serbios y pudo haber sido evitada mediante alguna de las fórmulas de autogobierno y autonomía que tan en boga están en la Unión Europea. En España, sin ir más lejos. Putin tiene, en fin, toda la razón.
Uno de los fines de la integración europea, explícitamente reconocido por sus padres fundadores, fue la amortiguación de los nacionalismos: la rivalidad entre las naciones dejaba de tener sentido si la pertenencia a una entidad superior desdibujaba las fronteras, mitigaba las históricas diferencias, sustituía la idea de conflicto por la de cooperación. La vieja disputa sobre los límites de cada Estado se diluía, en fin, en la gozosa totalidad del supraestado europeo.
Manifiestamente, la independencia de Kosovo, auspiciada por los norteamericanos, hiere a los serbios y pudo haber sido evitada mediante alguna de las fórmulas de autogobierno y autonomía que tan en boga están en la Unión Europea. En España, sin ir más lejos. Putin tiene, en fin, toda la razón.