14/02/2020 / 11:05
Jesús de Andrés


Imagenes

Qué sufrimiento

Una vez más, un político de Guadalajara ha soltado una necedad con capacidad de sonrojar y enojar a propios y extraños. 


En ocasiones pienso qué hubiera sido de nosotros de haber tenido unas élites políticas que, más allá de hacer cálculos sobre su carrera personal, hubieran actuado pensando en el bien común. Unos líderes no supeditados a sus partidos políticos y a sus directrices sino al interés de sus representados. Qué hubiera ocurrido si, por ejemplo, en la constitución del sistema autonómico en vez de ser un retal, una pieza sin encaje en el puzle territorial, alguien hubiera peleado por nuestra realidad geográfica y nuestros intereses. O qué hubiera pasado si alguno de los políticos ligados a esta tierra que han tenido algos cargos en el gobierno o sus proximidades hubiera usado su poder para defendernos. Guadalajara siempre ha carecido de representantes competentes para actuar, con poder y liderazgo asentados, de políticos capaces de salirse del guion y jugársela sin medir las consecuencias. Es así y poco podemos hacer. A estas alturas se les exige tan poco que incluso se agradece su discreción. Nos conformamos con que no nos hagan sentir vergüenza ajena, pero mira que es difícil.

Una vez más, un político de Guadalajara ha soltado una necedad con capacidad de sonrojar y enojar a propios y extraños. José Ignacio Echániz, quien fuera consejero de Sanidad en Madrid y en Castilla-La Mancha, diputado nacional por nuestra provincia, al hilo del debate sobre la futura ley de eutanasia, asoció el poner fin a la propia vida cuando se padece un sufrimiento insoportable y sin esperanza de curación a un exterminio genocida con fines económicos, cual medida de recorte. Su propio partido lo calificó de burrada, señalando su escasa perspicacia política y nula inteligencia electoral. Quizá Echániz, que de recortes sabe un rato, ha querido hacer méritos ante su inflamado líder, pasándose de frenada en un tema, el de la muerte digna, que tiene un amplio consenso social, y arruinando la estrategia mediática del PP, que pretendía situar la atención en Venezuela. O quizá le ha salido la vena meapilas de la que algunos liberales de salón son incapaces de desprenderse. 

Somos los únicos titulares de nuestra vida y sólo a nosotros compete decidir qué hacemos con ella. Si por avatares de su educación alguien la tiene hipotecada a algún dios o a sus representantes en la tierra, puede hacer lo que le parezca, pero sin imponer su creencia a los demás. Puede parir con dolor, agonizar hasta la muerte o disfrutar de este valle cuando sea de lágrimas, pero solo. Nadie puede exigir el martirio a quienes no tenemos amigos invisibles que se comunican con zarzas que arden o a través de pastorcillos adolescentes. No se trata de acortar la vida, se trata de acortar el sufrimiento. Y eso no es pecado, todo lo contrario, por mucho que insista el Echániz de turno.


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