Quien bien te quiere...

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

EDITORIALES
Hablar de Alovera está, últimamente, ligado al la lacra de los malos tratos. La violencia doméstica se multiplica en nuestra provincia, al igual que en nuestro país. Si hace unas semanas morían, a manos de su ex marido, Sylvina y su compañero sentimental, la historia podría haber vuelto a repetirse el pasado fin de semana.
Por fortuna, en esta ocasión el resultado no ha sido el mismo y ayer mismo se daba de alta en el Hospital General Universitario a la mujer brasileña agredida por su pareja sentimental, un hombre de 30 años que fue detenido como presunto autor de un delito de homicidio en grado de tentativa.

Cada año, un número alarmante de mujeres pierde la vida a mano de los mismos hombres con los que la compartieron. El tema de los malos tratos, de las muertes sexistas, de la violencia de género, está adquiriendo tales proporciones que supone ya, sin duda, un problema nacional que cada vez más tiene su reflejo en una sociedad alcarreña. Las instituciones se esfuerzan en combatirlo mediante múltiples iniciativas, pero los casos siguen reproduciéndose, desgranándose, con una inquietante regularidad, como si una monstruosa, oculta, infernal y voraz boca, abierta en las cloacas del mundo civilizado, exigiese tales sacrificios. Sin embargo, si bien son indignantes estas estadísticas, más preocupante es aún el hecho de que la mitad de las mujeres maltratadas atendidas no denuncia a su agresor pues eso supera todos los límites de la razón humana. El miedo, la dependencia económica del marido, amenazas y un nivel de autoestima muy bajo constituyen una amalgama de factores que tienen como consecuencia este tipo de situaciones. Esa podría ser la radiografía de este último caso. Por eso, la lucha contra la violencia de género va mucho más allá de lo que las mujeres como colectivo pueden conseguir, que es mucho. Es una cuestión social de primer orden que nos atañe y es responsabilidad de todos. La sociedad debe vigilar hasta los detalles más ínfimos para no caer en el machismo impuesto en prácticamente todos los órdenes de la vida. A pesar de la entrada en vigor de la ley de violencia de género, todavía son muchas las mujeres que no detectan el maltrato psicológico que soportan a diario y que la sociedad, en muchas ocasiones, plantea como algo normal. Es necesario apostar por una educación en igualdad, por un respeto hacia el otro, por una repulsa total a la violencia de género si queremos acabar con la absurda creencia de que quién bien te quiere, te hará llorar.