“Quiero darte las gracias, Enric¨

17/09/2026 - 17:59 ALBERTO BLECUA

Yo crecí viendo ganar a Miguel Indurain. Recuerdo aquellas tardes interminables de verano en el salón de casa, toda la familia viendo ciclismo por una razón bastante sencilla: a mi padre le gustaba y ponía el Tour.

Y como tantas cosas importantes de la vida, aquello que empezó casi por obligación terminó convirtiéndose en una pasión compartida. Aprendimos a querer el ciclismo viendo a Miguel. Aprendimos qué significaba esperar una etapa de montaña, sufrir en una contrarreloj, mirar diferencias, calcular segundos y aguardar durante horas a que llegara ese puerto en el que podía pasar algo. Indurain nos enseñó la grandeza de un deporte extraordinariamente duro y nos permitió vivir su época más gloriosa.

Después se fue Miguel, pero tuvimos una suerte inmensa: llegó una generación irrepetible. Alejandro Valverde, Alberto Contador, Óscar Freire, Samuel Sánchez, Roberto Heras y tantos otros. Ciclistas diferentes, capaces de hacernos disfrutar prácticamente en cualquier terreno y en cualquier carrera. Ganábamos grandes vueltas, clásicas, mundiales, etapas. Siempre había algún español delante y nosotros nos acostumbramos, quizá demasiado, a que aquello fuera lo normal. Pero no lo era. Y un día aquella generación también empezó a desaparecer. Entonces nos quedamos esperando a que apareciera alguien. Algo parecido a lo que ocurrió en el tenis cuando empezó a terminar la era de Rafa Nadal y apareció Carlos Alcaraz para decirnos que todavía quedaban muchas tardes por disfrutar. Algo parecido, quizás, a lo que vive ahora el baloncesto español después de despedir a una generación que nos hizo creer que ganar era lo habitual. El deporte funciona así: hay épocas de gloria y épocas en las que toca esperar.

Y en medio de nuestra espera apareciste tú, Enric Mas. Apareciste joven, fino sobre la bicicleta, con una forma de escalar que inmediatamente nos hizo ilusionarnos. Y además cometiste, si se puede llamar así, un pecado terrible para un deportista español: hacernos pensar que podías ganar. Desde muy joven quisiste disputar las generales. No te escondiste. Fuiste a la Vuelta pensando en la general, llegaste al Tour pensando en la general y fuiste al Giro queriendo comprobar hasta dónde podías llegar. Y nosotros también quisimos creer. Al principio todo parecía posible. Después fueron pasando los años y empezaron a llegar las frustraciones, las tuyas y las nuestras. Porque esperábamos más. Y probablemente tú esperabas todavía mucho más.

Llegaron las críticas, las comparaciones y aquellos que pensaban que nunca ganarías una gran vuelta. Los que decían que te faltaba atacar, que te faltaba carácter, que te faltaba esto o aquello. En algún momento incluso nosotros, los aficionados que habíamos depositado tantas esperanzas en ti, dejamos de esperar. Quizá tú también llegaste a preguntarte alguna vez si aquello por lo que habías trabajado desde niño iba a llegar. Incluso llegó un momento en el que empezaste a buscar otros caminos: etapas, objetivos diferentes, otra manera de correr cuando la realidad parecía empeñada en decirte que las generales de las grandes vueltas no estaban hechas para ti. Y precisamente por eso hoy quiero darte las gracias. Porque durante todo ese tiempo hubo algo que no hiciste: no dejaste de trabajar. No dejaste de entrenar, no dejaste de cuidarte y no dejaste de ser ciclista cuando era mucho más fácil aceptar que tu techo ya estaba escrito.

Has soportado durante años la crítica de todo un país. Has escuchado cómo otros decidían cuál era tu nivel, cuáles eran tus límites y qué clase de ciclista debías ser. Y seguiste pedaleando. Eso es lo extraordinario de tu historia. Porque entrenar cuando todo el mundo piensa que vas a ganar es relativamente sencillo. Entrenar cuando tienes veinte años y crees que puedes comerte el mundo también. Lo difícil es seguir haciéndolo cuando pasan los años, cuando has perdido, cuando te han criticado, cuando has visto a otros subir más rápido y cuando has comprobado que ha llegado una nueva generación criada en el ciclismo de los datos, de la nutrición milimétrica, de la aerodinámica, de los vatios y de una preparación científica como probablemente nunca habíamos conocido. Y aun así, seguir. Seguir intentando ser mejor. No necesariamente para demostrarle algo al mundo, sino para poder mirarte a ti mismo y saber que estás siendo el mejor ciclista que puedes ser.

Y entonces llegaste a esta Vuelta a España. Quizás sabiendo que podía haber alguien mejor. Quizás pensando que el máximo al que podías aspirar era una segunda posición. Quizás consciente de que había ciclistas capaces de ganar y de que las circunstancias podían no favorecerte. Pero estabas preparado. Y eso lo cambió todo. Porque ahora alguno dirá que eres campeón porque no estaba uno, porque faltaba otro o porque las circunstancias fueron determinadas. Yo creo exactamente lo contrario. Eres campeón de la Vuelta a España porque eras el ciclista que estaba preparado para ganar la Vuelta a España. Y estar preparado no sucede por casualidad. Se construye un lunes de enero cuando nadie te ve; cuando toca entrenar y hace frío; cuando toca descansar mientras otros salen; cuando hay que cuidar la alimentación; cuando termina una carrera mal y al día siguiente hay que volver a subirse a la bicicleta; cuando has perdido una Vuelta, sufrido en un Tour o te has bajado decepcionado de un Giro. Cuando lees que no vales para ganar y vuelves a entrenar una vez más.

No has ganado porque otro ciclista se haya retirado. No has ganado porque alguien no haya venido. Has ganado porque, cuando apareció la oportunidad de ganar una Vuelta a España, tú estabas preparado para aprovecharla. Y esa es la razón por la que tu victoria trasciende el ciclismo. Porque hoy hay muchos chavales entrenando en algún deporte convencidos de que quizá no sean suficientemente buenos. Hay futbolistas que no juegan, ciclistas que no ganan, atletas que llevan años sin conseguir una marca y deportistas que ven cómo aparecen otros más jóvenes y empiezan a preguntarse si su momento ya pasó. Y fuera del deporte ocurre exactamente lo mismo. Hay personas intentando sacar adelante una empresa, una oposición, unos estudios, una familia o cualquier proyecto de vida y preguntándose si merece la pena seguir esforzándose cuando los resultados no llegan.

Tu historia les acaba de recordar algo importante: no siempre podemos elegir el resultado, pero sí podemos elegir estar preparados. Podemos trabajar para convertirnos en nuestra mejor versión. No la que esperan los demás, no la que exige un periódico, no la que reclama una afición, sino la mejor versión que nosotros mismos somos capaces de construir. Y después la vida decidirá hasta dónde alcanza. A veces será un quinto puesto, otras veces será un segundo y alguna vez, cuando quizá ya casi nadie lo espere, será subir al escalón más alto y descubrir que todos aquellos entrenamientos que parecían no conducir a ninguna parte te estaban preparando precisamente para ese momento.

Ahora no voy a decirte qué tienes que hacer. Ya has ganado la Vuelta y no tienes que volver para demostrar absolutamente nada. Sé que el Giro nunca ha sido sencillo para ti y que el frío y sus condiciones no siempre te han favorecido. Y queda el Tour. Quizá todavía exista dentro de ti aquel chaval que soñaba con hacer algo grande en Francia. Si es así, ve. Da igual quién participe, quién sea el favorito o lo que digamos nosotros. Inténtalo. Porque después de todos estos años creo que nos has enseñado que el éxito no consiste únicamente en ganar. Consiste en llegar al final de tu carrera deportiva sabiendo que averiguaste hasta dónde eras capaz de llegar. Puede ser primero, segundo o quinto. No lo sabemos. Pero será tu máximo posible. Y eso, al final, es lo único que merece la pena perseguir.

Durante años nosotros esperamos que fueras el ciclista que queríamos que fueras. Hoy, después de verte campeón de la Vuelta a España, entiendo que lo verdaderamente importante era que siguieras intentando ser el ciclista que tú querías ser. Y lo hiciste cuando creíamos y, sobre todo, cuando dejamos de creer. Por eso esta victoria es mucho más que una Vuelta a España. Es un recordatorio para todos los que alguna vez hemos pensado que era demasiado tarde, que no éramos suficientemente buenos o que nuestros mejores días ya habían pasado. Sigue trabajando, sigue preparándote, sigue intentando descubrir hasta dónde puedes llegar. Porque nadie sabe cuándo llegará su oportunidad. Pero cuando llegue, más vale que te encuentre preparado. A ti te encontró. Y eras el más preparado para aprovecharla. Gracias por recordárnoslo. Gracias por no rendirte. Y, sobre todo, gracias, Enric.