01/10/2010 / 09:45
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Reevaluaciones estratégicas


En una sesión secreta con un comité parlamentario ad hoc, reiteró que Israel no renuncia a atacar militarmente a Irán
Con el presidente Bush en Arabia Saudí, el gran hermano de todos los regímenes del Golfo y cuna del wahabismo, se ha reanudado, entre la relativa indiferencia del mundo, la negociación israelo-palestina sobre los asuntos capitales y ha quedado claro que los árabes rechazan un ataque militar americano contra Irán.
Los dos temas estrella de la larga gira presidencial encuentran así una expresión novedosa hasta cierto punto: el primero estaba descontado porque las dos partes deben obedecer la exhortación de Washington, dueño diplomático del proceso. Se reanuda en tres planos, técnico, político de segundo nivel (ministerial) y político de alto nivel (Olmert y Abbas) con la extendida convicción de que no bastará para alcanzar un Tratado de paz a fin de año, según el plan de Bush.
Con todo, los ultras de Avigdor Lieberman (“Israel Beiteinu”) se preparan para abandonar el gobierno por el solo hecho de hablar formalmente con los palestinos de cuestiones como Jerusalén o las colonias. Los once diputados pasados a la oposición no bastan, sin embargo, para poner en minoría aritmética (otra cosa es la política) a Olmert.
La reapertura del diálogo fue deliberadamente tratada en tono menor por la parte israelí, que prefirió subrayar el otro asunto de la agenda: Irán, percibido como una gran amenaza y la prioridad de Israel. A Bush le dieron los israelíes, y sobre el ministro de Defensa, Ehud Barak, una conferencia en toda regla para probar que la evaluación de la Inteligencia americana sobre la cancelación del programa atómico militar iraní está, sencillamente, equivocada.
Y Olmert hizo algo más: ayer, en una sesión secreta con un comité parlamentario ad hoc, reiteró que Israel no renuncia a atacar militarmente a Irán y nunca se avendrá a conciliarse con un Irán atómico. Y aquí llega la novedad: si decide hacerlo, hoy por hoy deberá hacerlo por su cuenta. En Washington no hay clima oficial para acompañar la aventura o ser su coautor y menos aún después de que Bush ha oído sin tregua a los árabes sunníes, presuntamente amenazados por Irán, que no quieren otra guerra regional.
El año que empieza, pues, puede ser el de gran reevaluación estratégica: Bush parece haber interiorizado la urgencia de resolver el conflicto israelo-palestino y verosímilmente dejará la cuestión iraní a su sucesor. Todo en un año completamente distinto a los tres anteriores por una razón sencilla: es electoral…

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