08/08/2020 / 16:28
Antonio Yagüe


Imagenes

San Lorenzo sin parrilla

A los extranjeros, que estos días tratan de avistar Perseidas desde sus proximidades, les llama la atención el ornamento de la parrilla de asar mártires.


Se acercan noches con la famosa lluvia de estrellas Perseidas. El  cristianismo, como a tantos fenómenos y celebraciones paganas, les pasó el hisopo y las bautizó como lágrimas de San Lorenzo. Simbolizarían las vertidas por el santo el 10 de agosto, fecha en que fue asado vivo en una parrilla. Vuelta y vuelta, como en las chuletadas veraniegas de antaño, antes de imponerse la moda de la barbacoa gringa.

La historia nos aterrorizaba de niños, incluso al visitar El Escorial, la primera gran excursión escolar que incluía el tenebroso Valle de los Caídos y, por la tarde, el Retiro madrileño con su famoso estanque. He vuelto cientos de ocasiones, con amigos, para asistir a los famosos cursos de Verano de la Universidad Complutense y como anfitrión de parientes y paisanos.

  Hace unos días repetí por el mero placer de viajar, pasear y conversar. Con otros ojos y los de una colega francesa. Allí sigue el palacio-monasterio, una mole colosal, como hace cuatro siglos largos. Sin grietas. Ni siquiera una pintada. Su panorámica desmesurada, con 2.673 ventanas que dan la sensación de perderse en el horizonte, impone hasta a los grafiteros. Impresiona especialmente el sombrío panteón de los reyes, profanado y saqueado durante la Guerra Civil.

Muchos visitantes aseguran que el recinto les sobrecoge, pasma, abruma y hasta les causa escalofríos. “Todos van a buscar la sombra de Felipe II y, si no la encuentran, se la fingen”, escribió Unamuno. Los historiadores defienden que la basílica se dedicó a San Lorenzo por coincidencia casual de su onomástica con la  batalla de San Quintín. Algunos aseguran que guarda el misterio cósmico de una pirámide egipcia y de templo mágico de sabiduría. La biblioteca, con 45.000 libros impresos y 5.000 códices, es el tesoro más importante.

A los extranjeros, que estos días tratan de avistar Perseidas desde sus proximidades, les llama la atención el ornamento de la parrilla de asar mártires. Figura en el escudo de la ciudad y hasta en las papeleras. Como símbolo de lo mejor y lo peor que hemos venido haciendo los españoles. Mejor celebrarlo sin parrilla.


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