San Martín renace de sus cenizas


La iglesia de San Martín, en pleno centro urbano de Molina de Aragón, de origen románico y la más antigua de la ciudad del  Gallo, parece renacer de sus cenizas.

Ha querido el destino, la suerte, o mejor la sensibilidad de algunas autoridades provinciales que, tras décadas de abandono, dejadez y absoluta desidia, hasta convertirse en un símbolo de vergüenza para toda la ciudad, veamos cómo se han iniciado unas obras que habrán de convertir esta joya arquitectónica en un lugar del que podamos sentirnos orgullosos.


Hace apenas un año, con motivo del acto de entrega de los Premios Emprendedores Molineses, de la Asociación Tierra Molinesa, que tuvo lugar en el flamante Parador de Turismo en el mes de octubre de 2025, publiqué un artículo en la revista de esa asociación en el que recordaba a Luis García Marcos, un segoviano que llegó muy joven a Molina como funcionario del antiguo INP y que, con el paso de los años, se convirtió en un molinés más a todos los efectos y ello de tal modo que dedicó buena parte de su vida a luchar por Molina y la comarca y, en concreto, mostró en varias ocasiones su tristeza y desolación por la situación del templo de San Martín, reivindicando la restauración ante su estado de ruina.

La iglesia de San Martín está en pleno centro urbano de Molina.


Recordaba en aquel artículo la carta que publicó Luis García en este mismo periódico provincial, pidiendo una solución para la iglesia en octubre de 2010, aunque él venía peleando años atrás ante la situación que creía realmente “vergonzosa” para Molina y los molineses -aunque no sé si en realidad estos han sido conscientes alguna vez de esta realidad, de cómo una iglesia, la más antigua de Molina, adscrita en su momento al Instituto y por la que hemos pasado cientos de estudiantes, se había convertido en un símbolo bochornoso de lo que nunca debería permitirse en cualquier ciudad o pueblo de España con algo de amor propio-. 


En el mencionado acto celebrado en el parador molinés, quiso la fortuna que dos importantes autoridades en la provincia, una civil como el presidente de la Diputación Provincial, José Luis Vega, y otra religiosa, como el obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara, Julián Ruiz Martorell, coincidieran en Molina y tomaran conciencia del estado del edificio. Aquel mismo día, en el citado evento, el presidente de la Diputación anunció, con gran sorpresa para todos, que desde la Institución provincial y el Obispado se afrontaría sin dilación la restauración de la maltratada iglesia de San Martín para darle algún fin cultural.
Y no solo eso, de inmediato se puso en marcha una comisión de obras con presencia del párroco Raúl Pérez Sanz -cuya labor en Molina en el ámbito tanto religioso como social merece un aplauso unánime- y de un grupo de gente comprometida con su ciudad y su tierra y en menos de un año se han iniciado las obras. Dicho y hecho, aunque cuando hablamos de una obra de estas características pueda parecer mentira la rapidez con la que se ha actuado, en este caso ha ocurrido, es verdad, todos podemos dar fe de ello en Molina.

La actuación es posible gracias al convenio Diputación-Diócesis.


Cuando llego desde Cubillejo a Molina y al bajar la cuesta del Coso veo la grúa en movimiento en la iglesia me acuerdo de Luis García Marcos, de su empeño en esta causa, y de cómo peleó durante toda su larga vida por ver recuperado este símbolo molinés, esta joya histórica y monumental tan representativa de nuestra historia y nuestra cultura que ha pasado por todo tipo de vicisitudes, incendios, bombardeos, desplomes, pero que ahora renace sobre sus cenizas después de más de 50 años olvidada a su suerte.


Creo que es de bien nacidos, como se dice en esta tierra, agradecer a quienes han comprometido su palabra y han confirmado con hechos y dinero esta grata realidad en la iglesia de San Martín, que será ese museo que tanto deseaba don Luis. Y debemos agradecerlo a José Luis Vega, sin cuya implicación por los pueblos de la provincia, Molina sería otra cosa y no mejor precisamente; al obispo de la provincia, Julián Ruiz, que nada más llegar a esta Diócesis supo entender lo que significa para la ciudad San Martín; y por supuesto al párroco, Raúl Pérez, cuya continuidad en el puesto será determinante para el éxito final de la iniciativa.

La iglesia se encuentra se encuentra necesitada de una rehabilitación. Foto: Jesús de los Reyes.


Decía en aquel momento que las instituciones públicas deben ser un ejemplo para el resto de ciudadanos y que la situación de ruina y desidia que se veía en este iglesia, en pleno casco histórico de Molina, no era ningún presagio especialmente bueno para la ciudad, por eso resultaba incomprensible que nadie desde el Ayuntamiento o desde la sociedad civil molinesa, tan dada a otras reivindicaciones más mundanas y superfluas, permitiese la situación, dando además un ejemplo desalentador al resto de ciudadanos cuando se trata de mantener en pie el rico patrimonio monumental de la ciudad.


Esta actuación en San Martín tiene que ser ejemplar, lo va a ser, y puede y debe ser un revulsivo definitivo para recuperar todo el potencial que tiene la ciudad molinesa en sus calles y plazas ahora sumido en el olvido y el abandono. Decía respecto al problema de San Martín que sentía envidia sana por cómo la Junta de Castilla y León lleva años tratando su patrimonio monumental e histórico. Ahora, gracias a la Diputación y al Obispado se da un paso de gigante en la buena dirección, queda por ver si otras instancias públicas serán capaces de ver el significado de este proyecto e iniciar -nunca es tarde-, el camino que llevan décadas recorriendo pueblos como Albarracín y Sigüenza, y más recientemente sin irnos de Guadalajara, Brihuega. Estos han demostrado que con ideas, gestión y ganas se puede conseguir casi todo.