13/02/2021 / 18:24
Antonio Yagüe


Imagenes

San Valentines

Galerias Preciados empezó a importar la costumbre anglosajona. El Corte Inglés la relanzó, contagió a otros comercios y la convirtió en tradición. 


Hasta 1948 nadie asociaba en España a San Valentín con enamorados. Galerías Preciados y su avispado fundador “Pepín” Fernández se encargaron de importar esta costumbre anglosajona con una campaña que incitaba a los clientes a regalar el 14 de febrero a sus seres queridos (novios o no). En los sesenta ya estaba socialmente aceptada, incluso se estrenó una famosa película. En 1975 el Corte Inglés la relanzó, contagió a otros comercios y la convirtió en tradición.

Cosas de la vida, un jefazo de Galerías me contó al jubilarse en los 70 que tuvo que despedir a una dependienta cuando fue a comunicarle que se casaba con un jefe de negociado. “La política de la empresa era entonces no permitir que trabajadores formaran matrimonio o estuvieran liados, como se decía entonces. Estaba expresamente prohibido”, confesó.

La celebración, icono del consumismo mundial, era una perfecta desconocida en el Señorío. El  santoral no incluía al San Valentín martirizado por Claudio II por casar a escondidas a los soldados, lo que dificultaba, metidos en amores, la plena dedicación a las armas. A la Iglesia nunca le hizo gracia por coincidir con las bacanales romanas y el rito de apareamiento de los pájaros. Pablo VI eliminó en 1969 la festividad, aunque mantuvo el santo.

Los expertos aseguran que, además del romano, hubo otros dos San Valentines mártires. Sus reliquias se han esparcido por Europa:  Termi (Italia), Gante (Bélgica), Volsberg, (Austria),  Gemmeti (Francia), Baga (Asturias), Toro (Zamora), Socuéllamos (Ciudad Real), Calatayud (Zaragoza), Madrid (iglesia de San Antón)… y Molina de Aragón.

Donadas en 1850 por la marquesa de Villel, nuestro San Valentín es, según los estudiosos Ángel Ruiz Clavo y Santiago Azpicueta, el “adolescens o joven”, ya que debía contar entre 17 y 30 años en el momento de su martirio. Fueron ubicadas en la parroquia de Santa María del Conde y luego en San Pedro. Impresionaba contemplar la urna de cristal cubierta de votos y plegarias con deseos secretos. 

En días de pandemia, difíciles para ligues y amoríos, reconforta tener cerca un San Valentín, notario de promesas de amor, algunas quizá tan falsas como sus reliquias multiplicadas.


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