Se despejó la incógnita

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

EDITORIAL
No ha habido grandes aspavientos, ni ocurrencias de última hora, aunque sí sorpresas. La decisión, que se conocía ayer, de Mariano Rajoy de nombrar a Dolores de Cospedal como secretaria general del PP no caía en el partido como un jarro de agua fría, más bien todo lo contrario.
Ni una voz más alta que otra, ni una fisura más en un partido que ha vivido durante las últimas semanas su época más convulsa. Nacida en Madrid en 1965 y con raíces albaceteñas fue descubierta políticamente por Javier Arenas aunque luego trabajó para Esperanza Aguirre y Ángel Acebes. Abogado del Estado se caracteriza por su talante conciliador y, según los que mejor la conocen, por su tozudez que en el aspecto más positivo la convierte en una luchadora nata. Buen ejemplo de ello es la asunción de la presidencia del Partido Popular en Castilla-La Mancha, que le llegó por encargo a un año de las elecciones autonómicas de 2007 y pocos días después del nacimiento de su primer hijo. La estela de José Bono y el dominio socialista no le asustaron y alcanzó una dulce derrota. Pero el camino que anduvo entonces se pone ahora en entredicho. Su trabajo se multiplicará y su tiempo en Génova, también. Su dedicación a Castilla-La Mancha se verá, a partir de ahora, reducida. Pero además, con su ansia de éxito, Dolores de Copedal pone en entredicho su sinceridad, esa que le ha llevado a asegurar, a lo largo de toda la semana, que en ningún caso aceptaría un cargo en el equipo de Rajoy mientras mantuviera la presidencia del PP regional. Esas palabras han quedado en el olvido en pocos días. Todo apunta a que la futura dirección del partido tendrá que buscar ahora un nuevo líder en la región. Y la empresa no se antoja fácil. Las esperanzas en una Dolores de Cospedal ganadora se difuminan de forma inversamente proporcional a su acercamiento a la Secretaría General de un partido encabezado, de este modo, por dos políticos que no han ganado nunca unos comicios.