11/09/2020 / 20:04
Jesús de Andrés


Imagenes

Sean libres

Decía Espido Freire, ganadora del premio Planeta en 1999, que hoy en día, en pleno siglo XXI, leer supone un posicionamiento ético y que leer lo que leemos es una declaración estética.


Los días se acortan y el verano llega a su fin. En un año raro, pero raro, como este, sin fiestas en septiembre, sin animación en las calles, pendientes del coronavirus, llenos de incertidumbre ante el otoño e invierno que nos esperan, se ha reducido al mínimo la actividad social, y más que lo hará con la llegada del frío. Las reuniones limitan el número de personas, los bares y restaurantes aumentan la distancia social y se generaliza el teletrabajo allí donde es posible. Coincide el nuevo curso, que para muchos es el verdadero comienzo del año, con los propósitos vitales propios de estas fechas. Estudiar una carrera o hacer cursos de temas profesionales o de interés está en alza. Hay que aprovechar el tiempo, que nuestra actividad, además de enriquecedora, sea productiva y no nos exponga. Y nada más apropiado para ello que la lectura. Si el verano es tiempo para esos libros postergados, para esas lecturas que no da tiempo a hacer en otras estaciones, este año, más allá de retomar el inglés o el gimnasio, les recomiendo alargar el tiempo de lectura tanto como sea posible.

Decía Espido Freire, ganadora del premio Planeta en 1999, que hoy en día, en pleno siglo XXI, leer supone un posicionamiento ético y que leer lo que leemos es una declaración estética. No estoy seguro de si es realmente así, pero si estoy convencido de que en un mundo como el actual, sometidos como estamos a mil estímulos simultáneos de todo tipo, con una oferta de entretenimiento inabarcable, donde todos tenemos más o menos déficit de atención, donde leer un texto largo requiere de una concentración fuera de serie, estoy convencido, digo, de que leer es un ejercicio ético, estético y también físico. Ojalá a algún youtuber, esos personajes que pululan por las redes sociales con cientos de miles de seguidores, le diera por leer y, mejor aún, por promocionar la lectura, pero mucho me temo que comienza a ser una actividad de resistencia, no apta para mentes débiles ni distraídas. 

  Hoy, como siempre, estamos necesitados de ficción, de historias, de palabras que les den vida, pero los formatos se están transformando. Hoy la literatura se encuentra en las series de televisión, en el cine (o lo que quede de él), en los videojuegos, en las canciones… Los libros siguen ahí, pero cada vez más arrumbados, convertidos en mero objeto de regalo en forma de bestseller. Emilio Lledó recordaba, como nunca deja de recordar, la necesidad que los seres humanos tenemos de la literatura. Al fin y al cabo, vivimos en un mundo hecho de lenguaje. Los libros son el fundamento básico de la libertad, decía, dos palabras con una raíz común. Sean libres, lean libros, visiten las librerías. Allí pueden adquirir un pedazo de libertad.


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