29/11/2010 / 00:00
Andrés Aberasturi


Sí, ¿pero de lo nuestro qué?


Ya es historia aquella frase de Felipe González cuando afirmó que había entendido "el mensaje de las urnas". Porque la gente, nosotros, todos, no votamos -y no dejamos de votar- por capricho. Es cierto que hay una base fiel a los grandes partidos, pero no es menos cierto que a la hora de decidir el voto, muchos, muchos más de lo que parece, lo hacen desde la íntima convicción o el deseo de que las cosas cambien o continúen. Tenemos una democracia rara, laminada cicatera con el pueblo que limita nuestra poder -que es la base del sistema- a la introducción de una papeleta u otra cada no sé cuantos años. Y en ese sentido el mensaje famoso al que hizo referencia González hace muchos años, creo que ha quedado claro en Cataluña: lo de la rotulación en castellano, lo de las embajadas, lo de las selecciones deportivas, lo de los toros... tantas y tantas cosas en las que se ha desgastado el tripartito, pues vale, bien o mal, pero ¿qué hay de los mío? ¿qué pasa con lo nuestro? Y a eso el Gobierno de Montilla se ha dedicado menos de lo necesario. Lo mío, lo nuestro, es el paro, llegar a fin de mes, la sanidad y si tenemos que elegir entre abrir una delegación de Cataluña en Malasia (un suponer) o comprar otro quirófano, queremos el quirófano. Podemos asistir y hasta discutir apasionadamente el tema de toros sí o toros no, pero hubiéramos preferido dedicar ese tiempo a debatir cómo crear puestos de trabajo o paliar el fracaso escolar. No sé realmente si las elecciones la ha ganado CIU o las ha perdido el tripartito, pero sí parece claro que el personal, que los catalanes lo mismo que el resto de los españoles no están a por uvas y no se dejan embaucar por cantos de sirenas que son un lujo en tiempos de crisis. Puede que la foto de una puñadito de personas quemando la foto del Rey tenga mucho efecto mediático, pero lo que a la gente le interesa es pillar un puesto de trabajo y lo que se exige al que gobierna es que se dedique a propiciar la situación necesaria para que eso llegue a pasar. A estas alturas todos han discutido ya si lo de Cataluña es extrapolable. Supongo que no, sólo lo supongo, pero lo que sí tengo claro es que una inmensa mayoría de los españoles están convencidos de que así no vamos a ninguna parte y eso, en democracia, significa que cada vez es más urgente un cambio. Aquí no vale malo conocido que bueno por conocer, aquí lo que sale mal, se cambia y a ver qué pasa entonces con lo mío, con lo nuestro. 

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