Tambaleos en el movimiento vecinal
01/10/2010 - 09:45
EDITORIAL
El movimiento vecinal ha estornudado y esto es sintomático del resfriado que está a punto de padecer la sociedad guadalajareña. Después de falta de relevo generacional en el seno de la Federación de Asociaciones de Vecinos, ahora llega un cisma al seno de una de las agrupaciones más veteranas, la de Miguel Hernández, en el Alamín.
El fallecimiento de Felipe Yela, uno de los impulsores del movimiento en Guadalajara, debería haber servido de ejemplo de lo que en realidad deben ser estos grupos humanos nacidos con vocación de servicio. Los que fundaron los primeros sabían que lograr mejoras en las condiciones de vida de sus convecinos era el único interés que debía moverles en una Guadalajara que comenzaba a despertar a la actividad asociativa. Los años pasaron, pero las necesidad de grupos ciudadanos que velen por el interés común es la misma. Así se demuestra en el nacimiento de los nuevos barrios, donde resulta fundamental la creación de asociaciones que canalicen las reivindicaciones de los habitantes de cada zona. En este resfriado de verano que vive el movimiento vecinal no es ninguna institución la que debe ponerse manos a la obra para lograr que las cosas cambian. En este caso son los guadalajareños los que deben plantearse qué pueden hacer para que su ciudad sea cada día un poco más habitable que el anterior. Si desde hace unos años se está avanzando de forma importante en la asignatura pendiente que existía en la capital, la participación ciudadana, no hay que permitir que los pequeños roces o los absurdos protagonismos impidan que esa participación se desarrolle de modo real. Son muchas las necesidades que existen en las distintas barriadas de la ciudad y resulta vital un canal que una las demandas ciudanas con los oídos de los representantes municipales. El asociacionismo vecinal, hasta ahora, había dado buenos resultados, así que tal vez sólo necesite una pequeña renovación para que vuelva a darlos.