Terrorismo y elecciones
01/10/2010 - 09:45
EDITORIALES
Más de 2.600 militares y una decena de helicópteros y aviones participan, en todo el país, en el dispositivo de seguridad puesto en marcha por el Ministerio del Interior con motivo de la campaña electoral. El dispositivo incluye el despliegue de los militares en Guadalajara, en las líneas de alta velocidad y otros puntos de las denominadas infraestructuras críticas como es la central nuclear de Trillo. Y es que ya lo advertía el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, hace unas semanas: ETA intentará matar antes de las elecciones.
Existe una amplia bibliografía sobre el impacto que tuvieron los atentados del 11 de marzo sobre las elecciones que se realizaron tres días después. Se ha desarrollado un cuadro complejo de los factores que posiblemente explican el sorprendente triunfo electoral del PSOE pero si algo queda claro es que España es un caso complicado, ya que reaccionó de forma totalmente distinta a como lo hizo Estados Unidos tras el ataque del 11-S. Esto es así esencialmente por dos razones. La primera es que este país hasta hace poco se enfrentaba a dos tipos de terrorismo que no tenían ningún vínculo entre sí. Estaba el terrorismo etno-nacionalista de la ETA que ha durado más de 35 años. Y, en segundo lugar, los atentados brutales del 11 de marzo hicieron aparecer por primera vez el terrorismo islamista. Esta dualidad no significa únicamente que la sociedad española tenía ya antes del 11 de marzo una larga experiencia en actos de extorsión, en secuestros y asesinatos, sino que también, inmediatamente después del 11 de marzo, había una gran inseguridad sobre quiénes eran los responsables de los ataques, ya que nadie declaró ser su autor. Esta inseguridad, por su lado, abrió espacio para toda clase de maniobras políticas.
No se puede especular, pues, con las consecuencias políticas que tendría un nuevo atentado a pocos días de las elecciones. La situación y el contexto son, ahora, diferentes. Aunque lo que es obvio es que, independientemente de su efecto en las urnas, sería un nuevo golpe a la democracia.
No se puede especular, pues, con las consecuencias políticas que tendría un nuevo atentado a pocos días de las elecciones. La situación y el contexto son, ahora, diferentes. Aunque lo que es obvio es que, independientemente de su efecto en las urnas, sería un nuevo golpe a la democracia.