12/06/2021 / 11:45
Antonio Yagüe


Imagenes

Tiempo de cerezas

Es tiempo de cerezas en el Valle del Mesa. En Mochales, Villel, Algar, Calmarza o Jaraba van más tardías que en las riberas del Jiloca y Aragón o en la Almunia y sus inmediaciones, donde el fuerte de la temporada es hasta mediados de junio.


 Han vuelto con su dulzura esas frutas preciosas que convierten un humilde cesto en un muestrario de joyas, tras un amargo año de confinamientos, malas noticias y muertes.

Los medios destacan siempre al afamado Valle del Jerte, a los cerezos en flor (la mayoría ornamentales sin fruto) como el símbolo de Japón, y a Turquía como la mayor productora mundial. Los agricultores de nuestra ribera y alrededores aseguran que la campaña, algo retrasada, presenta una notable merma en la producción por las heladas, los daños de los vientos que las estropea al golpearse entre sí y las lluvias, que causan rajas en la carne.

De niños jugábamos con ellas a modo de pendientes. Incluso, criaturas, se las ofrecíamos a las chicas como regalo y adorno de amores primerizos e imposibles. El ‘Romancero hystoriado’ de 1579, divulgado por el alcalaíno Lucas Rodríguez, las glosa con galantería entre las delicias alimenticias destinadas a demostrar el éxtasis amoroso y a despertar la libido.

Algunos sostienen que las cerezas, “deliciosas para comer y sublimes a los ojos”, tuvieron que ser el fruto del Paraíso, que antes de la manzana pudo llevar a Adán y Eva a desobedecer los designios divinos. Un paraíso perdido que anhelaban reencontrar el poeta parisino Jean-Baptiste Clément, y los personajes de Monserrat Roig en su novela inolvidable con tintes feministas en pleno tardofranquismo.

Los primeros tiempos fueron ya de cerezas, con rica variedad de colores unida a jugosos sabores que le han dado un fuerte significado erótico, carnal y sensual. El tiempo de cerezas es breve como lo fue la vida en el Edén, pero es el mejor tiempo del año. “La brevedad del placer hace eterno el deseo”, escribió el poeta y dramaturgo checo Milan Kundera. Quizá por eso, siempre añoramos este tiempo fugaz de las cerezas que marca el principio del verano.


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