Tiempo de reflexión y reconstrucción
Tras ocho días de angustia llega el momento de la reflexión. La emergencia comienza a remitir y cuanto antes se afronte la reparación de daños, mejor.
Es hora de ir dirigiendo la mirada hacia el futuro, hacia la recuperación del campo, de las explotaciones ganaderas y agrícolas y del turismo en la Sierra Norte y el Señorío de Molina, dos territorios que afrontan ahora un largo camino para superar las consecuencias de los incendios.
Los primeros compromisos anunciados por la Junta de Comunidades y el Gobierno de España apuntan en esa dirección. Habrá que convertir las palabras en hechos para paliar los daños sufridos por el sector primario y evitar que el impacto del fuego se traduzca también en un descenso de visitantes a unas comarcas cuya riqueza natural constituye uno de sus principales motores económicos.
Durante estos días se ha puesto de manifiesto el espíritu resiliente y solidario de los vecinos, agricultores, ganaderos, voluntarios y profesionales que, codo con codo con los equipos de extinción, han contribuido a proteger pueblos y explotaciones. Esa capacidad de respuesta colectiva es la mejor garantía para afrontar una recuperación que será larga y exigirá tiempo, recursos y constancia. La naturaleza de quienes habitan ambos lados de la A-2 se parece a la de los robles que pueblan estas sierras: firme, resistente y capaz de volver a levantarse tras los peores temporales.
Pero la reconstrucción no debe impedir analizar lo ocurrido. En ambos incendios, aunque por causas distintas, fueron unas chispas las que desencadenaron la tragedia. Sin embargo, el verdadero problema va mucho más allá del origen de la ignición. Las condiciones meteorológicas extremas, cada vez más frecuentes, favorecen incendios de una intensidad difícil de combatir.
La prevención, la gestión forestal y la lucha contra los grandes incendios no pueden depender de los cambios políticos ni de la coyuntura del momento. Requieren una estrategia estable, sostenida en el tiempo y respaldada por un amplio consenso institucional. Solo así será posible proteger un patrimonio natural que constituye una de las mayores riquezas de Guadalajara y un legado irrenunciable para las generaciones futuras.