Trágica crónica negra
01/10/2010 - 09:45
EDITORIALES
Guadalajara volvía ayer a ser testigo de un trágico suceso. Una familia de tres miembros de la Colonia de Sanz Vázquez veía truncado su futuro cuando un hombre entraba en su domicilio y, a puñaladas, acababa con la vida del padre, mientras que dejaba herida de gravedad a la madre y, leve, a la hija del matrimonio, de siete años de edad.
El presunto asesino, al que la Policía seguía los pasos, acababa muriendo en un accidente de tráfico en la M-45, tras meterse en dirección contraria y chocar frontalmente contra un camión.
No es el único suceso que ha puesto los vellos de punta a la sociedad alcarreña. En la memoria de todos se mantiene aún reciente la muerte de Ana a manos de su pareja, un hombre que posteriormente se tiraba desde la pasarela de la A-2. A eso se suma el fallecimiento de un anciano de 89 años atropellado por un camión cuando cruzaba la vía en compañía de una nieta, en la calle Toledo, cercana a la glorieta de Cuatro Caminos y el abandono de un bebé en Humanes, todo en poco más de mes. La serie de acontecimientos supone, como mínimo, un motivo para la reflexión.
Atrás parece haber quedado la Guadalajara de la tranquilidad, esa en la que nunca pasaba nada y en la que todo el mundo conocía a su vecino. Esos tiempos pasaron a la historia. Ahora, la población crece más rápido, se multiplica, no sólo en la capital sino en muchos municipios del Corredor. Ya no es tan fácil conocer al vecino y se va perdiendo ese aire provinciano tan denostado por algunos y, sin embargo, tan nuestro. Quizá esos que ahora no aprecian ese aspecto tan entrañable acaben echándolo en falta en un tiempo no muy lejano.
Son los pros y los contras de un desarrollo al que Guadalajara no puede dar la espalda pero por el que tampoco debería pagar un alto precio.
No es el único suceso que ha puesto los vellos de punta a la sociedad alcarreña. En la memoria de todos se mantiene aún reciente la muerte de Ana a manos de su pareja, un hombre que posteriormente se tiraba desde la pasarela de la A-2. A eso se suma el fallecimiento de un anciano de 89 años atropellado por un camión cuando cruzaba la vía en compañía de una nieta, en la calle Toledo, cercana a la glorieta de Cuatro Caminos y el abandono de un bebé en Humanes, todo en poco más de mes. La serie de acontecimientos supone, como mínimo, un motivo para la reflexión.
Atrás parece haber quedado la Guadalajara de la tranquilidad, esa en la que nunca pasaba nada y en la que todo el mundo conocía a su vecino. Esos tiempos pasaron a la historia. Ahora, la población crece más rápido, se multiplica, no sólo en la capital sino en muchos municipios del Corredor. Ya no es tan fácil conocer al vecino y se va perdiendo ese aire provinciano tan denostado por algunos y, sin embargo, tan nuestro. Quizá esos que ahora no aprecian ese aspecto tan entrañable acaben echándolo en falta en un tiempo no muy lejano.
Son los pros y los contras de un desarrollo al que Guadalajara no puede dar la espalda pero por el que tampoco debería pagar un alto precio.