Trillo I, dos décadas después
01/10/2010 - 09:45
EDITORIAL
La central nuclear Trillo 1 iniciaba su andadura el 13 de mayo de 1988. Concebida como una central de base, es decir, de funcionamiento ininterrumpido y alto grado de disponibilidad, en condiciones normales de operación, alcanza una producción superior a los 8.000 millones de kilovatios por hora, al año.
Esta potencia representa un 40% de la potencia hidráulica instalada en 34 centrales hidroeléctricas en la Cuenca del río Tajo. Trillo consigue una utilización del 80% de su potencia, frente al 30% del parque hidráulico del Tajo. El reactor de Trillo 1 pertenece a la denominada tercera generación de centrales nucleares, españolas y, no en vano es una de las consideradas como más modernas. A pesar de que este año, hace apenas unas semanas, la central sufría la caída parcial de una de las barras de control del reactor, por lo que se decidía abrir la vasija y, durante la revisión de esta anomalía, se caía al fondo una tuerca que llevó a un experto alemán a averiguar por qué se rompió, la dirección hace el balance positivo.
En España la energía nuclear tiene un peso del 20 por ciento, frente al 33 por ciento que tenía hace cinco años. Atrás quedan las protestas ecologistas, que durante años se cebaron en Guadalajara y que con la sombra alargada que supone el cierre de Zorita parecen haber caído en el olvido. La comarca, como lo hiciera el entorno de la José Cabrera, vive con, de y para la central y así quieren que sea por mucho tiempo. El pasado 13 de mayo, la central cumplió dos décadas de su puesta en marcha. Lo hace a pleno rendimiento. No ha lugar, pues, a cuestionar su vida útil y menos cuando el cierre de Zorita reabrió, hace dos años, el debate en España sobre el futuro de la energía nuclear y su defensa como forma de generar electricidad sin emisiones de dióxido de carbono.
En España la energía nuclear tiene un peso del 20 por ciento, frente al 33 por ciento que tenía hace cinco años. Atrás quedan las protestas ecologistas, que durante años se cebaron en Guadalajara y que con la sombra alargada que supone el cierre de Zorita parecen haber caído en el olvido. La comarca, como lo hiciera el entorno de la José Cabrera, vive con, de y para la central y así quieren que sea por mucho tiempo. El pasado 13 de mayo, la central cumplió dos décadas de su puesta en marcha. Lo hace a pleno rendimiento. No ha lugar, pues, a cuestionar su vida útil y menos cuando el cierre de Zorita reabrió, hace dos años, el debate en España sobre el futuro de la energía nuclear y su defensa como forma de generar electricidad sin emisiones de dióxido de carbono.