Turismo a saco

04/07/2026 - 15:04 Antonio Yagüe

Seguramente es cierto que hay gente pa todo, como acuñó Gallo el torero refiriéndose al filósofo Ortega y Gasset. Otro tanto puede decirse del turismo moderno y sus antojadizos  destinos. Salvo para el tercio de españoles que, según el CIS, no pueden permitirse ni una semana de vacaciones. 

O para los que siempre acabamos en el pueblo, como cuando la postguerra, sin apenas niños ni pájaros pero con abundantes perros, vermuses, tardeos raros, comilonas, caminatas nostálgicas y alguna lagrimeja recordando tiempos y personas que no volverán.

Casi todos vamos a los mismos sitios, los mismos días y a las mismas horas. Dice un amigo que hemos transformado la aventura, los viajes y el turismo en una obligación sudorosa e incómoda y en una exaltación de la propia existencia. Una pesadez. Si no has estado en Bali, Egipto, Everest, Cancún, Japón… -apunta-  se te pone cara de palurdo cósmico. Vamos a un lugar a hacernos 2.000 fotos en diez días y no recordar de dónde es cada instante.

Últimamente manda el turismo geopolítico. Ya no se elige destino por playas, monumentos o museos, sino por el índice de estabilidad política, su nivel de tensión diplomática y la probabilidad de que el vuelo no sea desviado por “circunstancias excepcionales”.

En las redes sociales la estrella es el “turismo de la contaminación”. Influencers y youtubers buscan el shock en zonas polucionadas y míseras seleccionando, por ejemplo, los rincones más degradados de India, Filipinas o Kenia. Los pobres visitados apenas ven alguna propina miserable. 

También podemos ir a los 27 “municipios turísticos” reconocidos en Castilla-La Mancha, que acaba de incluir a Molina de Aragón y Corduente. O recurrir al tradicional turismo religioso que a nivel mundial encabeza la Virgen de Guadalupe en México o a Santiago y Lourdes más a pie. Al menos se ganan indulgencias.