25/09/2022 / 11:17
Manuel Ángel Puga/Pedagogo y escritor


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Un mal junto a otros males

El Instituto de Salud Carlos III, en sus informes MoMo (el sistema de monitorización de la mortalidad diaria en España), destaca que el número de fallecidos durante el pasado mes de julio (por citar un dato concreto) fue más de diez veces superior a los fallecidos en el mismo mes del año 2019,


Según una reciente información publicada por Eurostat (la Oficina Estadística de la Unión Europea), España es el segundo país europeo con mayor número de fallecimientos, solo nos aventaja Portugal. Mientras que la media de defunciones en Europa es de un 6% mayor, al compararla con los datos de los años 2016-2019, en nuestro país esa misma media alcanza un 17%. Como vemos, la diferencia es de un 11%. ¿Están incluidos en este porcentaje los suicidios que están teniendo lugar en España, y que arrojan una media de 11 al día? 

Por su parte, el Instituto de Salud Carlos III, en sus informes MoMo (el sistema de monitorización de la mortalidad diaria en España), destaca que el número de fallecidos durante el pasado mes de julio (por citar un dato concreto) fue más de diez veces superior a los fallecidos en el mismo mes del año 2019, ya que murieron 11.283 personas más de lo previsto. Ante este dato, y en un alarde de imaginación, quienes vienen dirigiendo las campañas antivacunas hicieron correr la voz de que ese exceso de mortalidad estaba relacionado con la administración de las vacunas contra el Covid-19. Nada más falso. Nadie ha demostrado que exista relación alguna entre esos fallecimientos y las campañas de vacunación, como afirma el diario “La Razón” (3-9-2022; p. 4).

Sobre la excesiva mortalidad en España, el doctor Juan Abarca, director general de HM Hospitales, manifestó lo siguiente en las redes sociales de dicha cadena hospitalaria: “Vengo denunciando desde hace mucho tiempo la evolución de la mortalidad en nuestro país, a través  de los informes MoMo que emite semanalmente el Instituto Carlos III. Claramente, aunque no sabemos los motivos exactos, tiene relación con los efectos que sobre el sistema sanitario ha tenido la pandemia, en forma de retrasos y faltas de personal, entre otros”.

No se puede negar, pues, que nuestro sistema sanitario se está viendo afectado por el impacto de la pandemia, lo cual repercute en el incremento del número de fallecimientos. Fue un mal no buscado, y que no tuvimos más remedio que aceptar. Nadie quería esta pandemia en España, nadie la buscó, pero vino y tuvimos que pagar el precio de muchas vidas humanas. Lo ocurrido aún sigue siendo algo lamentable y preocupante, pero mucho más lamentable y preocupante es que, junto a este mal no buscado, haya otros males que sí son buscados. 

En un país donde es muy alta la tasa de fallecimientos y muy baja la de nacimientos, llama poderosamente la atención la nueva ley del aborto. Las facilidades que se están dando a quienes quieran abortar parecen no conocer límites. Cuesta trabajo entender que se permita abortar, sin el consentimiento de sus padres, a niñas menores de edad que no tienen capacidad legal para emitir voto, pero sí la tienen para decidir sobre la vida o la muerte del ser humano que llevan en su vientre. Es algo incomprensible, por mucha comprensión que se quiera tener con la “cultura de la muerte” y por mucha madurez que queramos concederle a quien, por ley de vida, aún no tiene madurez. Una niña de 16 años no es una mujer adulta, por lo que carece de la capacidad que se le está presuponiendo. Concederle tal poder de decisión no es pedagógico ni sensato, sino más bien todo lo contrario.

Esta nueva ley del aborto me hace recordar lo que dejó escrito san Juan Pablo II en El Evangelio de la vida. Dice: “La gravedad moral del aborto procurado se manifiesta en toda su verdad si se reconoce que se trata de un homicidio… Quien se elimina es un ser humano que comienza a vivir, es decir, lo más inocente en absoluto que se pueda imaginar: ¡jamás podrá ser considerado un agresor, y menos aún un agresor injusto! Es débil, inerme, hasta el punto de estar privado incluso de aquella mínima forma de defensa que constituye la fuerza implorante de los gemidos y del llanto del recién nacido” (nº 58).

Y aún hay otro mal añadido al exceso de mortalidad en nuestro país: la eutanasia. Otro lamentable ingrediente para “la cultura de la muerte”. En España ya ha sido legalizada la eutanasia, pero aún no se ha resuelto el grave problema que tienen miles de enfermos terminales, quienes vienen pidiendo y esperando una solución distinta de la inyección letal. Ellos piden y esperan unos cuidados paliativos. Piden y esperan algo que es de justicia y que, además, la Medicina Paliativa está deseando ofrecerles. Por todo ello, urge proporcionar más recursos materiales y humanos a los cuidados paliativos, porque son la solución médica y humana a tanta angustia y sufrimiento.


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