Un respeto por lo que se ve
01/10/2010 - 09:45
EL COMENTARIO
JOSÉ GARCÍA DE LA TORRE - Periodista
No es bueno hablar de los periodistas. Para comentar sus actos o la calidad de sus personas, nada mejor que el silencio, el silencio de la lectura solitaria del periódico, uno de los actos libres y responsables donde los haya. Hay momentos, sin embargo, en que hace falta romper esta regla de pudor y de muda cortesía.
Aunque sólo sea porque la falsa modestia siempre me ha parecido una estafa periodística fascinante. En esta ocasión merece la pena detenerse un poco en el trabajo de Pepe Zamora, fotógrafo de Nueva Alcarria y ganador del IV Premio de Fotoperiodismo con la mejor colección de fotografías de prensa El poder del fuego.
Se sigue diciendo y repitiendo que una imagen vale más que mil palabras sin advertir que es falsa. Esa imagen (cualquier imagen) valdrá más de mil palabras cuando las mil palabras que acompañan sean peores que la imagen, porque el gran valor de la fotografía de Prensa es el de acompañamiento (ilustración) de la palabra, o el de crearla, suscitarla. La imagen fotográfica debe ocupar en las páginas de Prensa un espacio tan importante como el de los textos. Su poder narrativo y documental es importantísimo. La foto no es una mera mancha para descansar la vista, es información pura y dura y con el tiempo se convierte en icono de una época.
Tanto, que en el mundo todo parece culminar en una fotografía. Al final, cualquier acontecimiento trascendente, para entrar a formar parte de la categoría de lo histórico, se reduce a una imagen singular de categoría universal: Una niña desnuda quemada de napalm que avanza hacia la cámara en busca de ayuda, en la guerra del Vietnam; el poster del Che, en la revolución cubana; la muerte de un republicano en el momento de un salto de trinchera, mosquetón en mano, en la Guerra Civil española, o la espeluznante colección fotográfica del campo de concentración de Dachau, en la Segunda Guerra Mundial.
Por la cámara de Pepe Zamora han desfilado mil historias y personajes de nuestro entorno. Con el mismo respeto por lo que ve que el de los profesionales de los mejores periódicos nacionales. Decía el mito de la fotografía, Cartier-Bresson, que el fotógrafo no debe ser agresivo cuando hace sus fotos; no debe cambiar la realidad, sino simplemente reflejarla. Y en eso consiste el trabajo de Zamora. Un trabajo que se caracteriza, entre otras cosas, por la huida sistemática de todo protagonismo, por la austeridad y el rigor, por el amor a la verdad y por la independencia de espíritu requerida a los profesionales.
Se sigue diciendo y repitiendo que una imagen vale más que mil palabras sin advertir que es falsa. Esa imagen (cualquier imagen) valdrá más de mil palabras cuando las mil palabras que acompañan sean peores que la imagen, porque el gran valor de la fotografía de Prensa es el de acompañamiento (ilustración) de la palabra, o el de crearla, suscitarla. La imagen fotográfica debe ocupar en las páginas de Prensa un espacio tan importante como el de los textos. Su poder narrativo y documental es importantísimo. La foto no es una mera mancha para descansar la vista, es información pura y dura y con el tiempo se convierte en icono de una época.
Tanto, que en el mundo todo parece culminar en una fotografía. Al final, cualquier acontecimiento trascendente, para entrar a formar parte de la categoría de lo histórico, se reduce a una imagen singular de categoría universal: Una niña desnuda quemada de napalm que avanza hacia la cámara en busca de ayuda, en la guerra del Vietnam; el poster del Che, en la revolución cubana; la muerte de un republicano en el momento de un salto de trinchera, mosquetón en mano, en la Guerra Civil española, o la espeluznante colección fotográfica del campo de concentración de Dachau, en la Segunda Guerra Mundial.
Por la cámara de Pepe Zamora han desfilado mil historias y personajes de nuestro entorno. Con el mismo respeto por lo que ve que el de los profesionales de los mejores periódicos nacionales. Decía el mito de la fotografía, Cartier-Bresson, que el fotógrafo no debe ser agresivo cuando hace sus fotos; no debe cambiar la realidad, sino simplemente reflejarla. Y en eso consiste el trabajo de Zamora. Un trabajo que se caracteriza, entre otras cosas, por la huida sistemática de todo protagonismo, por la austeridad y el rigor, por el amor a la verdad y por la independencia de espíritu requerida a los profesionales.