Unas fiestas muy grandes de las que sentirnos orgullosos
Con pañuelo morado al cuello, cabeza alta y la felicidad de sentirnos guadalajareños, es la hora, en particular en estos tres días que restan hasta el Pobre de mí, de abrir nuestras pequeñas fronteras con hospitalidad,.
En estos días llega a Guadalajara gente de numerosos pueblos de la provincia y de la vecina comunidad de Madrid para asistir a una tarde toros, un concierto en la Fuente de la Niña, vibrar con los extraordinarios encierros en punta por las calles o simplemente para pasear por un recinto ferial lleno de atracciones y chiringuitos, acercarse a los multitudinarios vermús de la Concordia, animados con música en directo, o embullirse de un ambiente mágico. Imposible calcular la afluencia de visitantes a la Semana Grande ni la motivación de cada cual. Los vecinos también salen a la calle de manera masiva para vivir el bullicio que aportan, en gran medida, los más de ocho mil peñistas que integran las 21 agrupaciones oficiales, parte fundamental de estos días por los desfiles, acompañadas de sus charangas que realizan en cualquier momento- no solo a la salida de los toros-, así como por las verbenas y actividades que organizan abiertas a la ciudadanía. Son los días principales del año, el momento de exhibir lo que somos capaces de ofrecer, de sentir orgullo por protagonizar una fiestas llenas de reclamos, el principal haber creado un clima de alegría generalizada y compartida que las hacen singulares. Con pañuelo morado al cuello, cabeza alta y la felicidad de sentirnos guadalajareños, es la hora, en particular en estos tres días que restan hasta el Pobre de mí, de abrir nuestras pequeñas fronteras con hospitalidad, participar en la programación, disfrutar de cada instante, demostrar que sabemos convivir con respeto. Ya llegará la hora del balance, de la crítica positiva, de arreglar lo que no ha funcionado como el reparto exprés de 17.500 entradas para los encierros para después ver la plaza medio vacía con la vergüenza de que muchos vendan lo que han recibido gratis y lo digan sin pudor y sabedores de que parte habrán ido a la papelera mientras ciudadanos se han quedado con las ganas de asistir. Un borrón a limpiar, una cuestión para reflexionar y adoptar medidas. Pero ahora toca estar a la altura como anfitriones, cada guadalajareño, de unas fiestas muy grandes.